La retina del sabio
Microrrelatos y escritos sobre la fotografía, la realidad y el deseo
viernes, 24 de julio de 2026
A mi madre le gustaba escuchar el acordeón. No sé si fue en su aldea, en alguna fiesta de agosto, o en Utiel, donde tal vez el instrumento sonaba entre el ruido de la gente y el calor de la tarde; lo cierto es que aquella música le devolvía —así lo intuyo— algo de su infancia y de su juventud, un tiempo que yo solo conozco a través de sus silencios. Era, además, seguidora fiel de la acordeonista María Jesús, cuyo nombre pronunciaba con una familiaridad que a mí, de adolescente, me resultaba extraña y entrañable a la vez.Por eso he seguido con un interés que no era solo curiosidad, sino una especie de deuda pendiente, el recital que Horacio Garrido ha dado en Camporrobles. Durante años recorrió, a veces solo y a veces junto a su padre, los pueblos de la provincia de Cuenca y otros muchos rincones de España, cargando el fuelle del acordeón como quien carga una memoria colectiva. Presentó también un libro, Con el acordeón a cuestas, de más de setecientas páginas donde recoge esa trayectoria, ese mapa hecho de caminos y de música. Pensé en mi madre durante todo el concierto. Le hubiera gustado, estoy seguro. Y aunque ella ya no estaba allí para escucharlo, algo de su gusto por aquellas notas seguía sonando en la sala, prestado por mí, que ahora ocupo su lugar en la fila de quienes aman el acordeón sin saber muy bien por qué. Ha sido un recital fantástico.
Fábrica de Harinas de Camporrobles
En el marco de la Semana Cultural de Camporrobles, asistimos a una visita guiada a la antigua fábrica de Harinas San Isidro Labrador, un edificio de tres plantas que permaneció en funcionamiento entre 1926 y 1982. La visita fue conducida por Gerardo Gómez, concejal de Cultura, quien nos mostró las distintas dependencias y nos explicó la historia de esta emblemática industria harinera, que durante décadas abasteció al municipio y a su entorno.
Actualmente, parte del edificio y de su maquinaria han sido rehabilitadas, lo que permite apreciar el extraordinario valor patrimonial de este conjunto de arqueología industrial. Resulta fascinante contemplar aquellas máquinas, en su mayoría de fabricación española, testimonio del desarrollo tecnológico e industrial de buena parte del siglo XX.
La fábrica constituye, además, un valioso referente para comprender la evolución económica y social de Camporrobles en su contexto geohistórico, cuando la transformación de los cereales era una actividad esencial en una comarca de marcada vocación agrícola. Su cierre en 1982 refleja también los profundos cambios tecnológicos y productivos que experimentó el sector harinero, incapaz de competir con la automatización y los sistemas de molienda más modernos que se generalizaron durante la década de 1980.
martes, 7 de julio de 2026
Biblioteca Zona Nord
La biblioteca Zona Nord es, antes que un edificio, un refugio climático; un pacto de tregua contra el asfalto ardiente. Ahora que el calor estival nos abruma con su peso de plomo y las aulas han quedado vacías, el paisaje humano se ha transformado. Diríase que la juventud ha trocado los apuntes por la brisa de la playa, dejando las salas a merced de un silencio distinto.
Mi rincón predilecto sigue siendo la sección de prensa y revistas. Demorarme en esas páginas me rescata del ruido del mundo; me regala una paz interior y una capacidad de reflexión infinitamente superior a la prisa anestésica de las pantallas y el flujo incesante de internet. Y, sin embargo, a mi alrededor, la mayoría de los usuarios permanecen imantados a sus teléfonos, tablets u ordenadores. Me asalta la impresión de que habitan el lugar sin habitarlo, sin extraerle el verdadero jugo a este templo de calma. Quizá les baste con esa desconexión. Puede ser.
Por mi parte, mientras el planeta hierve ahí fuera, yo sigo fiel a mi certeza: no soy capaz de concebir ningún paraíso, ni cielo alguno, que no tenga la forma y el aroma de una buena biblioteca.
domingo, 28 de junio de 2026
Vallbona
sábado, 27 de junio de 2026
Tres mujeres
jueves, 25 de junio de 2026
Chavalas
Tengo que pasar más por Cornellá. Hay algo en esa ciudad que me atrae con una fuerza que no termino de explicarme —tal vez sean sus rascacielos, sus bares, su gente—, aunque sospecho que es todo eso junto, sedimentado en una forma de estar en el mundo que no pide permiso.
Por otra parte, me interesan las películas de ambiente fotográfico. Podría citar, a vuelapluma, Blow-Up, La ventana indiscreta, Los puentes de Madison o Minamata. A esa lista debo añadir ahora Chavalas (2021), de Carol Rodríguez.
El film habla de muchas cosas: de las dificultades de una joven fotógrafa con estudios universitarios para abrirse camino en un oficio que no la espera; de la contraposición entre la fotografía elitista —esa moda y publicidad que se mira en el espejo— y el fotógrafo de barrio, el que inmortaliza retratos y celebraciones sin aspavientos; y de la amistad. En especial, de esas amigas de la infancia que la vida va apartando sin que nadie lo decida del todo, y que un día simplemente ya no están.
Me interesó especialmente el tramo final: una exposición al aire libre colgada en los propios rascacielos de Cornellá, con grandes ampliaciones que devuelven a la ciudad su propio rostro. Y me gustó también ese momento en que la protagonista vuelve a fotografiar con el teléfono móvil las escenas cotidianas del barrio, combinándolo con cámaras digitales, como quien reconoce que la mirada importa más que el instrumento.
Véanla.
martes, 23 de junio de 2026
Amores traicionados
lunes, 22 de junio de 2026
Cossos Presents
El retrato fotográfico y su diálogo con la palabra escrita son dos de las disciplinas que más me apasionan; una combinación idónea para difundir ideas y dar voz a proyectos sociales. Aunque me siento cómodo trabajando la narrativa visual en otros ámbitos de la fotografía, debo confesar que con el retrato mi relación es compleja: entre la proliferación de los selfies y el generalizado miedo a la cámara, capturar la esencia de un rostro se ha convertido en un verdadero desafío.
Con estas reflexiones en mente, me acerqué al Casal de Barri de la Prosperitat. Mi intención inicial era simplemente tomar un café y evocar viejos tiempos; recordar, por ejemplo, aquel reportaje de El País sobre el ajedrez gigante que la asociación Jaque al Rey instalaba en la plaza Ángel Pestaña, o el programa de iniciación al ajedrez Leonart que grabamos en 2008 para Televisión Española junto al Gran Maestro Miguel Illescas.
Sin embargo, tras el café, me encontré con la exposición "Cossos presents" (Cuerpos presentes). La muestra, promovida por la Fundació Enllaç de Barcelona, articula con maestría el retrato fotográfico del artista visual chileno Felipe Robles con las entrevistas y textos del psicólogo y dinamizador Adri Bartolomé.
Es precisamente en esta propuesta donde la relación entre texto e imagen cobra todo su sentido político y social. La exposición presenta primeros planos entrañables, directos y espontáneos de personas mayores del colectivo LGTBQ+, acompañados de cartelas que sintetizan biografías complejas, a menudo marcadas por el desarraigo o el sufrimiento. Lejos de caer en el melodrama, el texto complementa la mirada de los protagonistas: donde la palabra narra la dificultad histórica, las imágenes responden con complicidad, alegría, serenidad y esperanza. Es un magnífico ejemplo de cómo la fotografía y el testimonio escrito se necesitan mutuamente para romper la invisibilidad y devolver la dignidad, recordándonos virtudes de las que, desgraciadamente, hoy no andamos sobrados.
viernes, 19 de junio de 2026
30 horas, 810 cm y 42 fotos
martes, 16 de junio de 2026
El 183
Vengo de visitar las magníficas exposiciones de Matisse y el desenfoque en CaixaForum, pero la muestra que hoy me ha encogido el corazón y me ha llenado de orgullo es mucho más cercana. Hablo de la exposición fotográfica escolar realizada por las alumnas y alumnos de 1º y 2º de ESO del Institut Escola Mestre Morera en la Biblioteca Zona Nord.
A través de sus objetivos, estos jóvenes han retratado el alma, la cotidianidad y la dignidad de Torre Baró, Ciutat Meridiana y Vallbona. Capturas del autobús 183 uniendo caminos, las miradas de los vecinos en las paradas, los campos de fútbol entre bloques y la vida que transcurre en la Zona Nord.
A veces nos quejamos por vicio. Al ver esto, uno se pregunta: ¿dónde habría llegado un doctor en Bellas Artes si en su juventud hubiera tenido la suerte de contar con profesores de fotografía como los de este proyecto?
Frente a tantas tonterías (y cosas peores) que inundan las redes sociales, este proyecto didáctico nos demuestra que la educación pública y el arte local son las mejores herramientas para transformar la mirada de los jóvenes y tejer comunidad.
¡Mi más sincera enhorabuena a los alumnos por su inmensa calidad técnica y artística, y al centro por un montaje impecable! 👏🏫❤️
#ArteComunitario #ZonaNord #NouBarris #EducaciónPública #MestreMorera #FotografíaSocial #TorreBaró #CiutatMeridiana #Vallbona #TalentoJoven
martes, 2 de junio de 2026
Morir matando. 2026
martes, 26 de mayo de 2026
Tabaquismo
lunes, 18 de mayo de 2026
Caminar 10.000 pasos
viernes, 15 de mayo de 2026
Manual de l'escaquista veterà amb sentit comú
Manual de ajedrecista veterano con sentido común
El ajedrez por internet nos ha vendido la idea de que es fácil jugar. Ya no hace falta ir a un club o un café. Ahora el rival está a un clic. Pero, ¿a qué precio?
El programa que empareja jugadores es sádico. Te junta con alguien de tu nivel para que sufras siempre. En el viejo casino de antes, te podías encontrar con el "abuelo bueno" al que le ganabas, o con el "maestro local" que te aplastaba en diez movimientos. Había orden, había historia, había vida. El programa, en cambio, te condena a un aburrimiento de números: ganarás la mitad de tus partidas y perderás la otra mitad. Es una igualdad digital que nos quita el derecho a creernos mejores de lo que somos.
La mente en el ajedrez por internet es la mente dividida. Jugar en una página no es "jugar con alguien", es jugar contra una sombra mientras tu vida real se deshace a tu alrededor.
.Hacer varias cosas a la vez: En el club y en el café está mal visto mirar el móvil mientras juegas. En casa, juegas una apertura mientras vigilas que la leche no se salga, escuchas las noticias del fin del mundo y le das una chuche a tu perrito "furia" o acaricias a tu gato "calcetines". El resultado es un ajedrez "ensaladilla": un poco de técnica, un poco de despiste y mucha dejadez.
· Lugares raros: Se juega en la sala de espera del dentista, en el metro o, seamos sinceros, en el baño. El ajedrez ha pasado de ser el "Juego de los Reyes" a ser el "Pasatiempo del estreñido". ¿Cómo vamos a pensar bien una jugada complicada cuando el sitio nos invita a terminar rápido por razones de cuerpo?
Jugar en una página web nos aísla. En el club, si te comen la dama, puedes ver la alegría en los ojos del rival, oler su triunfo, sentir la tensión. El ajedrez es un deporte de contacto mental. Por internet, el contacto se reduce a un mensaje que dice "buen juego" (si el rival es educado) o a un insulto en letras raras (si no lo es).
Hemos cambiado el apretón de manos al final de la partida por un botón que dice "Otra vez". No buscamos aprender, buscamos vengarnos enseguida de un icono que bien podría ser un programa o un niño de ocho años en pijama en Singapur.
Hablemos de las partidas de un minuto y otras parecidas. Esto no es ajedrez; es un examen de reflejos para pilotos con problemas de nervios.
Para el jugador mayor, cuyas ideas ya no van tan rápidas, estas partidas son una trampa mortal. Intentar pensar una jugada difícil a esa velocidad es como intentar hacer un sudoku mientras te persigue un león: lo más seguro es que termines moviendo el ratón sin ningún sentido.
· El truco del ratón: A este ritmo, gana el que tiene mejor internet. Se pierde por tiempo en posiciones que son fáciles de ganar, lo que da una rabia que solo se calma... jugando otra partida. Y así, hasta las tres de la mañana.
El ajedrez por internet debería ser el aperitivo, nunca el plato fuerte. Juguemos, sí, pero con la calma de quien sabe que la vida pasa fuera de la pantalla.
· La medida justa: Propongo un máximo de tres partidas al día a ritmo lento (15 minutos más 10 segundos , o10 +2). Jugar con el televisor apagado. Con la familia avisada de que "estamos pensando".
· Volver al café, al club, al casino, al centro social: Recuperemos la partida donde se puede hablar de la jugada, donde el error se comparte con una sonrisa y donde, si pierdes, al menos te queda el consuelo de una cerveza o un café con leche.
Si seguimos por este camino de velocidad absurda y soledad digital, acabaremos teniendo un dedo gordo hinchado y sin saber hablar con nadie más de sesenta segundos.
Recuerde, querido lector: el ajedrez se inventó para que dos mentes se encontraran en un campo de batalla de ideas, no para que dos personas ignoren a sus vecinos mientras mueven piezas virtuales en la parada del autobús.
Baje el ritmo. Respire. Mire a su rival a los ojos (aunque sea por videollamada, si no hay otra cosa). Y sobre todo, no juegue a un minuto si ya tiene canas en la barba; su médico del corazón se lo agradecerá.
Resumen del "Manual del Ajedrecista con Sentido Común":
1. El rival no es un programa, aunque juegue como uno.
2. El baño no es un club de ajedrez.
3. Ganar por tiempo en una jugada de mate en un movimiento es legal, pero mal visto.
4. Una partida en un café vale más que mil clics.
5. El silencio es el mejor amigo para pensar; la radio solo sirve para excusar por qué has perdido tu torre.
lunes, 11 de mayo de 2026
¿Cámara digital o móvil?
sábado, 9 de mayo de 2026
Torre Roja
domingo, 26 de abril de 2026
Entre Antonioni y Cortázar
miércoles, 22 de abril de 2026
El sentit comú...
Ara que s'acosta el Dia del Llibre, em sembla un bon moment per mirar enrere i recordar el primer llibre d'escacs que va caure a les meves mans: El sentido común en ajedrez, de l'excapió del món Emanuel Lasker (Editorial Escaques, Barcelona, 1971).
Aquell llibre no va ser només una lectura, sinó també la porta d'entrada a un món que m'acompanyaria tota la vida. Sobre les seves pàgines es basava el curs d'escacs que impartia el senyor Bechini, membre de l'Associació de Pares del col·legi La Salle Congrés i jugador del primer equip del Club d'Escacs Congrés.
Vaig aprendre molt en aquelles classes, però potser vaig aprendre encara més en la intimitat silenciosa de la lectura, amb aquell exemplar que el meu pare em va regalar i que conservo a la memòria com un d'aquells regals que no envelleixen.
Amb La Salle Congrés vam arribar a conquerir el Campionat Escolar de Barcelona. Més tard, amb el Club d'Escacs Congrés, vam ser campions de Catalunya juvenil per equips. Van ser anys de taulers, torneigs, viatges i amistats; anys en els quals els escacs eren una manera de mirar el món.
I, entre partida i partida, van anar arribant molts altres llibres: Luděk Pachman, José Raúl Capablanca, Aaron Nimzowitsch, Bobby Fischer… autors que no només ensenyaven obertures o finals, sinó també una manera de pensar.
L'últim a sumar-se a aquesta biblioteca personal ha estat l'estudi de Jaume Viñals, Manual de ajedrez para jugadores veteranos, sobre la pràctica dels escacs en els escaquistes federats més grans, una lectura que confirma que aquest joc no entén d'edats, sinó de passió.
Fa poc també hem posat en marxa una biblioteca d'escacs a Torre Roja, com qui retorna al tauler una petita part de tot el que ha rebut. Vaig participar, a més, com a fotògraf en el llibre de Josep Guixà 100 anys, Federació Catalana d’Escacs, i moltes de les meves imatges han trobat el seu lloc a la revista Jaque, a la Revista Internacional de Ajedrez i al Butlletí d’Escacs.
No sé encara com m'agradaria acomiadar-me d'aquest món: si llegint, escrivint, fotografiant, lluitant contra el drac o jugant a escacs. Però sí que tinc clara una cosa: m'agradaria fer-ho amb la serenitat de qui ha viscut intensament i, si és possible, amb una rosa als llavis.