jueves, 13 de agosto de 2026

Elogio de la Canon T90


​Con solo mirarla se despertaba el deseo de poseerla. Su cuerpo era una maravilla: suave y estilizado, limpio y enigmático, sensual y exuberante. No le faltaba de nada, pero más que su figura, lo que realmente me impresionaba eran las cosas que hacía. Y aunque nos separaba la luna del escaparate, ya tenía la agradabilísima impresión de estar acariciándola, y lentamente ir desvelando sus misterios más ocultos hasta llegar a penetrar en el fondo de su alma.
​Aunque en circunstancias "normales" sirven casi todas las buenas, lo cierto es que, cuando se desea actuar con rapidez en las situaciones más adversas, hay que ser muy selectivo. De este modo me sentí fascinado ante aquella moderna cámara fotográfica de alta tecnología, la Canon T90. Me impresionó profundamente su medición "spot", su flash TTL y su rapidísimo motor integrado. No tuve que realizar ningún esfuerzo intelectual excesivo para darme cuenta de que con aquel maravilloso instrumento mis fotografías ganarían en rapidez y precisión.
​Mientras estaba absorto contemplándola, alguien intentó llamar mi atención diciendo "hola". Y al girarme, unos sensuales labios femeninos me dibujaron una sonrisa perfectamente estudiada, que interpreté como una clara invitación a realizar un intercambio sexual de carácter contractual dado que por aquella zona coincidían las tiendas de fotografía profesional con las profesionales del amor —a decir verdad, siempre me ha llamado la atención esta coincidencia espacial, pero lo que también me ha picado la curiosidad es el porqué el calificativo de "profesional" tiene connotaciones tan distintas en el arte fotográfico y en el arte de amar—. Correspondí a su saludo con otro "hola" y con una mirada triste casi tan estudiada como su sonrisa. Entonces unos inmensos ojos verdes tenuemente pintados de azul se clavaron ante los míos, mientras que sus labios escribían en el aire una frase preparada: "¿Quieres pasar un rato?".
​Tanto la cámara como la muchacha me habían fascinado. Estaba hecho un lío y no sabía si entrar en la tienda de fotografía o corresponder de alguna manera a la invitación de la muchacha. Finalmente opté por esto último, porque en mi escala de valores tienen prioridad los seres humanos a las maquinitas.
​Poco después, estábamos sentados en la terraza de un café. Nos bañaba la luz difusa de un lento atardecer de agosto que descubría con toda nitidez la enigmática belleza de su rostro, el dinamismo de unos senos que jugueteaban como peces infantiles bajo una blanca blusa de seda natural y el ligero bronceado de unas piernas perfectamente moldeadas que nos descubría una ajustada falda tejana. El contacto de mis labios con el reconfortante dulzor de una copa de Baileys me dio la suficiente valentía como para ser relativamente sincero. De este modo, le expliqué mi ansiedad por satisfacer un doble deseo: fotografiarla con la Canon T90. Mientras ella saciaba su sed con un refresco de cola sin cafeína, me miró como si yo fuera un ser alucinado, y entonces estalló en una risa absolutamente espontánea.
​Realmente estaba satisfecho porque había conseguido que ella se comportase de forma natural y dejase de representar aquel papel tan turbio, pero todavía esperaba que ella dejase de decir banalidades. Después de sorber un nuevo trago de Baileys le regalé una tierna mirada y le dije:
​—Bueno, ya es hora de que me cuentes algo, ¿no?
​Sus ojos buscaron los míos, posó su mano entre sus labios, sonrió artificialmente y poniendo cara de mujer fatal me dijo:
​—Yo soy la puta respetuosa.
​De repente empecé a recordar, y creí identificar su rostro en alguna de mis fotografías de teatro.
​—Claro, tú protagonizaste hace unos siete años un montaje de La puta respetuosa de Sartre. Tú estabas en una compañía independiente y yo empezaba a interesarme por la fotografía del espectáculo. Por aquel entonces yo trabajaba con una Canon A-1 y un 50 mm 1:1.4, y el Tri-X forzado a 1600 ASA y revelado con HC-110 era mi combinación preferida de película/revelador. Lo recuerdo todo menos tu nombre.
​—Me llamo Carmen y ciertamente representé la obra de Sartre siete años atrás. Pude verte claramente poco antes de que te quedaras como hipnotizado frente al escaparate de la tienda de fotografía; parecías estar tomando la fotografía de la sombra de un árbol proyectada en una pared. Como no llevabas cámara fotográfica pensé que estabas loco, pero después recordé que un extravagante fotógrafo tomó varias fotografías sin cámara mientras ensayábamos La puta respetuosa. Aquel fotógrafo se parecía mucho a ti, aunque más delgado y menos calvo. Acabé reconociéndote y decidí gastarte una pequeña broma para comprobar si realmente los fotógrafos poseen memoria fotográfica. Por cierto, tampoco recuerdo tu nombre.
​—Los buenos fotógrafos —contesté— poseen visión fotográfica, pero la memoria fotográfica es una virtud que normalmente no tenemos, ya que acostumbran a monopolizarla los estudiantes de Derecho, los opositores profesionales y los espías homologados. Me llamo José Manuel, aunque mis amigos más odiosos me llaman J. M.
​Me habló de que había regresado a los escenarios hacía escasos meses. Explicó cómo su exmarido le había presionado para dejar el teatro independiente y de que, después de su participación en La Pau retorna a Atenes de Rudolf Sirera, tuvo que elegir entre el escenario y su "Sheriff", y en mala hora se decidió —y cito palabras textuales— "por el de la pistola". Para ocupar su tiempo libre se matriculó en la Facultad de Geografía e Historia y, al cursar el quinto año la asignatura de "Historia del Arte Dramático", volvió a desatarse su pasión por el teatro. Naturalmente, no pudo encontrar ningún trabajo relacionado con la Historia, así que continuó trabajando en una lóbrega oficina.
​Carmen era una mujer extraordinariamente fotogénica y cada vez que me miraba con los ojos abiertos de par en par, yo previsualizaba su retrato fotográfico; la veía en un primer plano ligeramente picado y enfocando cuidadosamente unos ojos que miraban fijamente a la cámara. La profundidad de campo era muy pequeña porque utilizaba un Tamron 90 mm 1:2.5 a su máxima abertura, la cámara era una novísima Canon T90 con prioridad a la velocidad y con el índice de medición selectivo; la película Vericolor III fue la elegida para resaltar el ligero tono rosado de sus mejillas, el fascinante fulgor de sus ojos verdes y su hermosa media melena dorada. En ocasiones confundía la imagen previsualizada con la real; afortunadamente el Vericolor III no es Kodachrome, por lo que rápidamente aprendí a diferenciar ambas imágenes a través de los tonos suaves y la menor nitidez que daba la imagen previsualizada en Vericolor que la imagen real. Más tarde, la tarea se simplificó enormemente al previsualizar únicamente en blanco y negro, con Ilford FP4 revelada con Rodinal a 1:50 y positivada en Ilfospeed Multigrade II. Me sentía mucho mejor previsualizando en blanco y negro que en color, porque además de poder identificar claramente "la realidad y el deseo" —que diría Luis Cernuda—, podía apreciar también mejor la personalidad de la modelo. En realidad para el retrato no hay nada como el blanco y negro, porque proporciona la necesaria abstracción cromática para poder concentrarse plenamente en los rasgos físicos y psíquicos de nuestro modelo.
​Finalmente, acabé proponiendo a Carmen que participara en un proyecto fotográfico sobre retrato en el que relacionaba dialécticamente a la persona y al objeto que más deseaba en aquel momento: Carmen y la Canon T90. En definitiva, se trataba de lograr unas condiciones de ambientación e iluminación en las que el sistema fotométrico de la cámara, la resolución del objetivo, la inteligencia del fotógrafo y la fotogenia de la modelo fueran capaces de traducirse en buenos retratos fotográficos. Ella manifestó un sincero interés por mi proyecto, y nos citamos para desayunar dentro de tres lunas, es decir, el sábado. Me hubiera quedado con ella una eternidad, pero había quedado con unos coleguillas que estaban intentando montar un congreso de fotografía científica para el mes de septiembre. Además ella me dijo que tenía una cena con excompañeros de facultad que trabajaban de cualquier cosa menos de historiadores. Nos despedimos con un beso en la mejilla, mis labios quedaron impregnados de un delicado sabor a melocotón en almíbar y mi cuerpo vibró más que el espejo de una réflex de 6 × 7.
​Realmente, no resultaba demasiado difícil familiarizarse con el manejo básico de la Canon T90, especialmente si, como era mi caso, se tiene una experiencia previa con cámaras electrónicas. Pero las complejas medidas puntuales multizonales, los controles de sombras y altas luces, y la presunta conexión a un ordenador MSX, me hicieron quemar más neuronas de la cuenta, hasta que llegué a la conclusión de que de momento era mejor pasar de aquellas virguerías y utilizar el coco para corregir las situaciones de iluminación complicadas. Después de leer el libro de instrucciones, tomé unos retratos a "Lucy", la coquetona perrita pequinesa de mi vecino, y tras comprobar que los resultados habían sido correctos, me entregué a la preparación de la sesión con Carmen.
​Antes de iniciar la redacción del guion, perdí un par de horas hojeando los magistrales retratos de Julia Margaret Cameron, Nadar, August Sander, Cecil Beaton, Arnold Newman, Irving Penn, Richard Avedon, Yousuf Karsh, Diane Arbus y Philippe Halsman. Me pasé la tarde consultando revistas gráficas en una biblioteca pública. Poco antes de acostarme consulté mi archivo de retratos, y debo confesar que las comparaciones fueron odiosas.
​Todavía me quedaban dos lunas. Durante el penúltimo día estuve repasando La fotografía como documento social de Gisèle Freund, y aún me dio tiempo de poder visionar en mi videoteca Lolita, de Stanley Kubrick, y Manhattan, de Woody Allen. Posiblemente al lector le parecerá que esta no es una manera seria de preparar un proyecto fotográfico. Sin embargo, debo manifestar que tanto la lectura de ensayos fotográficos como la visión de películas cinematográficas hacen que el fotógrafo enriquezca extraordinariamente su bagaje. De esta forma acaban flotando en su intelecto nuevas ideas latentes que se revelan cuando el fotógrafo entra en acción. La obra de Gisèle Freund es una lúcida reflexión sobre el papel de la fotografía en la sociedad contemporánea, y sus comentarios sobre el retrato son absolutamente geniales. Kubrick y Allen son dos directores que acostumbran a pensar por sí mismos, además piensan muy bien en blanco y negro. Supongo que cualquiera de las películas monocromas de ambos directores hubiera servido, pero a decir verdad, las protagonistas de ambas me recordaban de alguna manera a Carmen y esta era una razón suficiente para volver a verlas.
​Tan solo me quedaba un día y tenía que escribir el guion; afortunadamente mi preparación teórica y psicológica no podía ser más afortunada, por lo que debo confesar que la redacción del guion fue tarea fácil. Reflexionar por escrito sobre los temas que uno va a fotografiar no es ninguna chorrada, sino que es un medio extraordinariamente útil para conseguir resultados aceptables; además conviene recordar que nuestros hermanos los cineastas siempre trabajan con guion. Sin embargo, hay que realizar guiones abiertos para dejar que la espontaneidad tenga su papel. Siempre realizo mis guiones utilizando un pequeño block de notas ligeramente inferior a una cuartilla, dedicando una hoja para cada apartado. El guion quedó de este modo:
​Título: Doble deseo.
Autor: José Manuel Torres.
Barcelona, abril de 1987.
​Tema: Retrato de una mujer.
Objetivos: Estudiar el comportamiento de una mujer y una cámara absolutamente maravillosas.
​Material: Canon T90, Tamron 90 mm 1:2.5, filtro ultravioleta, parasol, Ilford FP4.
​Iluminación: Luz natural difusa.
Fondos: Casas de planta y piso de finales del siglo XIX y principios del XX de expueblos que hoy están agregados a Barcelona.
​Descripción de la modelo: Se trataba de una de esas escasísimas mujeres que, cercana ya a los treinta, era capaz de despertar simultáneamente la atracción física y la admiración intelectual. Extrovertida e imprevisible, de manos finas y talle esbelto. Su afición por el teatro hacía que estuviese representando hasta en la vida real. Sus inmensos ojos verdes resplandecían como estrellas gemelas y su nariz de diosa griega nos conducía a unos labios diseñados para besarse. Su fracaso matrimonial, su monótono trabajo de administrativa y la falta de salida de sus estudios de Historia la hacían caer en periódicas crisis de identidad. En definitiva, se trataba de una rubia particularmente impactante a primera vista y absolutamente fascinante al conocerla mejor.
​Encuadres: Básicamente decidí dejarme llevar por las imágenes que había previsualizado, aunque introduje algunas modificaciones. Continué con la idea de que la modelo destacara del fondo, pero me pareció demasiado arriesgado realizar todas las tomas a máxima abertura, 2.5, dado que se suelen producir demasiadas aberraciones y las ópticas no rinden a tope. De este modo, mis diafragmas oscilarían entre 4 y 5.6. Evidentemente la mayoría de los encuadres serían verticales y bastante ajustados, no obstante también realizaría algunos horizontales en los que la modelo ocuparía una parte pequeña y lateralizada de la imagen; izquierda o derecha según los casos, dejando ver un fondo amplio y desenfocado que preferentemente sería alguna casa modernista o algún edificio público. También había pensado algunos encuadres en plano americano en los que los brazos y las caderas de Carmen describirían el armonioso lenguaje del deseo. Por el contrario huiría de las tomas de cuerpo entero, que siempre me recuerdan a las fotografías familiares mal hechas. En fin, intentaría jugar con su mirada y su sonrisa y no perdería la ocasión de resaltar su busto en algún contrapicado.

​Había llegado el día; después de un pantagruélico desayuno iniciamos la sesión fotográfica. Fotógrafo y modelo sintonizamos a la primera, parecía que nos transmitiéramos el pensamiento. La cámara funcionó perfectamente. La fotogenia de Carmen hizo que se despertaran algunas ideas latentes que flotaban en mi memoria. Fue, en definitiva, un éxito completo.
​El epílogo de esta historia concluyó aquella misma noche cuando, después de revelar los negativos, aprendimos juntos nuevas técnicas del positivado por contacto.
​J. M. Torres 

lunes, 10 de agosto de 2026

Fotografiar en agosto

​Este calor de plomo me está matando. Por eso aprovecho la tregua del amanecer para salir a tomar el fresco los días que despierto temprano. Tras despachar un café con leche con galletas —desayuno de campeones—, me eché a la calle. Me acompañaban el audiolibro de Viktor Frankl, El hombre en busca de sentido, y un cansancio rancio que me tomé la libertad de atribuir a la suma del calor, los años y la artrosis.
​Me apalanqué en un parque infantil con el triple y noble propósito de reposar la osamenta, asimilar el duro relato del psiquiatra austriaco y tratar de inmortalizar una modesta puerta de madera acariciada por las primeras luces de la mañana. Ya se sabe: el cartero siempre llama dos veces, Pedro Navaja nunca salía sin cuchillos de repuesto y los fotógrafos somos exactos al bacalao de George Bernard Shaw, en el sentido de que debemos despilfarrar miles de disparos al aire para que una sola imagen se salve de la quema.
​El caso es que disparé varias tomas a la dichosa puerta cuando, de pronto, el visor se me llenó de la masa encefálica de una señora con perrito que casi me tapó la lente. Se me abalanzó con el kit completo de la histeria ciudadana: que qué hacía yo allí, que si la había grabado, que le enseñara el móvil inmediatamente, que borrara la foto, que me iba a denunciar al mismísimo Tribunal de La Haya y que, por si fuera poco, ella no hacía nada malo porque llevaba bolsas para las cacas de su chucho. Un auténtico sainete.
​Creo que fue Mariano José de Larra quien sentenció que escribir en España es llorar. A este paso habrá que actualizar la máxima: salir a la calle a mirar el mundo y fotografiarlo es llorar, pedir perdón y buscarse un pleito. Hoy cotiza al alza la paranoia: se contempla con muchísimo más recelo a un fotógrafo aficionado intentando matar el tiempo para que el tiempo no lo mate a él, que a un reputado amigo de lo ajeno haciendo su agosto a plena luz del día.

miércoles, 29 de julio de 2026

La fotografía vista a los 68 años

La fotografía vista a los 68 años
Escribí La fotografía a los 30 años hacia 1989. Desde entonces han ocurrido algunas cosas sin demasiada importancia: desaparecieron los carretes, los laboratorios cerraron, Kodak se declaró en bancarrota, Internet convirtió el planeta en un pueblo y las redes sociales lograron que miles de millones de personas se convencieran de que eran fotógrafos.
No ha estado mal para un par de décadas.
Es cierto que antes ya habíamos sobrevivido a otras revoluciones: el gelatino-bromuro, Leica, Kodak, las cámaras réflex, los fotómetros y los automatismos de exposición y enfoque. Cada generación cree que le ha tocado vivir el gran cambio, pero esta vez la sacudida ha sido de otra magnitud.
Para hacerse una idea, un ciudadano del Imperio romano probablemente podría entender buena parte del mundo del siglo XVII. Sin embargo, si lo soltáramos en una ciudad de mediados del siglo XIX, pensaría que los dioses se han vuelto locos. Algo parecido sucede con la fotografía.
Un fotógrafo de finales del siglo XIX necesitaría unas semanas para acostumbrarse a la fotografía de 1980. Descubriría el color, el flash electrónico y los objetivos zoom, pero seguiría reconociendo el oficio. Ahora bien, si lo dejamos caer en pleno siglo XXI, con un móvil en cada bolsillo, millones de fotografías al minuto y una inteligencia artificial capaz de fabricar imágenes de cualquier cosa, concluiría que ha aterrizado en otro planeta... o en un manicomio.
A los fotógrafos de finales del siglo XX tampoco nos resulta sencillo adaptarnos. Hemos tenido que aprender más informática que química, más menús que diafragmas y más contraseñas que fórmulas de revelador. Pero, después del esfuerzo, debo reconocer que la mayoría de los cambios han merecido la pena. Y, además, nadie nos prohíbe seguir cargando un carrete cuando nos entra la nostalgia.
Lo peor no son los achaques de la edad. De esos ya se ocupa el traumatólogo.
Lo peor es comprobar con qué facilidad se ha vulgarizado el acto fotográfico. Nunca había sido tan sencillo hacer fotografías, y nunca había sido tan fácil hacerlas sin pensar. Millones de imágenes nacen cada día con una única aspiración: morir unas horas después sepultadas por otras millones.
Tampoco termino de digerir el desprecio hacia la técnica fotográfica. Durante décadas era difícil hacer una buena fotografía sin conocer el oficio. Hoy es perfectamente posible obtener imágenes magníficas sin saber qué es un diafragma, la profundidad de campo o la temperatura de color. El problema no es que la tecnología haga el trabajo; el problema es creer que, por eso, el fotógrafo ya no hace falta.
Antes se decía que alguien no sabía «hacer la O con un canuto». Ahora basta con pulsar una pantalla para conseguir una fotografía técnicamente impecable. El teléfono calcula la exposición, enfoca, elimina el ruido, corrige el color, estabiliza la imagen, borra a los turistas y, dentro de poco, seguramente decidirá también dónde conviene ir de vacaciones para fotografiar mejor el atardecer.
Lo que más me horroriza, sin embargo, es que cuando saco el smartphone del bolsillo me confundan con uno de esos individuos que fotografían compulsivamente el desayuno, el billete de avión, el ascensor del hotel y el café con espuma en forma de corazón. Yo también llevo móvil. La diferencia es que todavía sé por qué estoy haciendo la fotografía.
Hay otra novedad que tampoco esperaba. Hace cuarenta años el fotógrafo despertaba curiosidad; hoy, con demasiada frecuencia, despierta sospechas. Basta levantar una cámara para que alguien crea que pretendes robarle el alma, vulnerar su intimidad o montar una conspiración internacional. Nunca había sido tan fácil hacer fotografías y, al mismo tiempo, nunca había sido tan complicado convencer a algunos de que una fotografía no es un delito.
Con todo, no cambiaría esta época por ninguna otra. Hoy puedo hacer en una tarde fotografías que antes me habrían costado semanas de trabajo. Puedo compartirlas al instante con cualquier persona del planeta y acceder desde mi casa a más conocimiento fotográfico del que reunían las mejores bibliotecas cuando escribí estas líneas por primera vez.
Eso sí, sigo pensando que una buena fotografía continúa naciendo exactamente en el mismo sitio que hace ciento cincuenta años: unos treinta centímetros detrás del visor. Lo demás, por mucho que cambie la tecnología, siguen siendo solamente herramientas.

La Fotografía a los treinta años


Querido amigo:
Muy pronto vas a cumplir 30 años y, posiblemente, te verás obligado a realizar un primer balance de tu vida. En tu inventario aparecerá un cúmulo de pequeñas alegrías y un montón de fracasos.
«A la vuelta de la esquina te esperan las arrugas»
Vas a franquear un camino sin retorno: dejas para siempre de ser joven. A la vuelta de la esquina te esperan las arrugas, la obesidad, la calvicie, las hemorroides, la úlcera y, tal vez, el infarto.
Muy pronto advertirás signos inequívocos de tu declive psicofísico. A partir de ahora, la experiencia será tu baza más importante, y de ella te valdrás para afrontar los problemas más insolubles. Deberás extremar el cuidado de tus ojos, de tus piernas y de tu espalda.
«Tu currículum vítae acumula un enorme dossier de asignaturas pendientes»
Desde luego, nadie es perfecto, pero sé que te duele haber entrado en la treintena sin haber realizado ningún proyecto fotográfico interesante.
Lo peor es que tus fracasos con la fotografía son un problema menor. Tu currículum vítae acumula un enorme dossier de asignaturas pendientes.
La cosa no marcha; te sientes fracasado y, si sigues en la brecha, es porque todavía tienes fuerzas, tiempo y algo de dinero para salir adelante.
Pero ¿dónde está el fallo? Tu equipo vale más de medio millón. Posiblemente, también tienes contactos para acceder a estudios, laboratorios y equipo adicional a un precio razonable. Tampoco te faltan modelos fotogénicos ni paisajes que despierten tu interés.
«La imaginación y la tenacidad son dos virtudes difíciles de llevar a la práctica»
Te cuesta encontrar ideas y, cuando las tienes, es un follón llevarlas a cabo. La imaginación y la tenacidad son dos virtudes difíciles de llevar a la práctica.
Reconoce que te jode un poco verte convertido en un eterno aprendiz. Pero eso es normal. Todos tenemos mucho que aprender y algo que enseñar. Además, con paciencia se llega a todas partes.
Es duro comprobar cómo la gente de tu edad se va colocando. También eso tiene su explicación. Los hay que son genios, como Nadar, que abrió su primer estudio a los 33 años. Hay otros que son muy valientes y casi se juegan la vida a diario, como Juantxu Rodríguez, asesinado en Panamá a los 31 años. Otros han heredado el trabajo de su padre o los ha colocado su tío (de estos hay muchos, y algunos son muy buenos).
Pero tú no estás en ninguna de esas circunstancias. Tampoco eres un hijo de papá que ha podido viajar y estudiar fotografía con los mejores maestros. Reconoce que eres, fundamentalmente, un fotógrafo autodidacta, que apenas ha podido viajar al extranjero y cuyo inglés apenas le sirve para salir del paso.
«Te encuentras a medio camino de todo»
De modo que te encuentras a medio camino de todo: sin ser exactamente ni profesional ni aficionado; ni carne ni pescado. Ciertamente, tu acceso a la profesionalización es cada día más complicado. No es fácil, de entrada, ganar más dinero con la fotografía que con tu ocupación habitual. Además, sabes que los fotógrafos acostumbran a estar todo el día ocupados, y a ti te gusta dormir la siesta y pasar los domingos con la familia y los amigos.
Piensa que tampoco es demasiado importante llegar a ser profesional. Lo interesante es que acabes descubriendo las posibilidades expresivas que proporciona el lenguaje fotográfico. De esta forma, podrás desarrollar proyectos fotográficos coherentes de carácter artístico o documental.
Dicen que a los 40 es todavía peor. La mayoría engordan, se quedan calvos y dejan de hacer fotos. Algunos mantienen el tipo, pero repiten el esquema que adoptaron hace 15 o 20 años. Los hay, incluso, que montan mafias que pretenden controlar el mercado y bloquean a quienes no son de la familia.
En fin, querido amigo, la vida empieza a los 30 años. No tengas miedo de cruzar la frontera. ¡Al fin eres mayor!
José Manuel Torres

martes, 28 de julio de 2026

Viva el ajedrez gigante


Tras concluir una partida, los ajedrecistas sentimos la necesidad casi física de estirar las piernas y practicar algún deporte de verdad. Quizá por eso cueste tanto catalogar el ajedrez como disciplina deportiva, a no ser que se le añada la consabida muletilla de «el deporte de la inteligencia».
Lo cierto es que la mayoría de los profesionales del tablero cultivan algún ejercicio físico: Kaspárov es un apasionado del fútbol, aunque la preferencia mayoritaria entre los grandes maestros se inclina hacia el tenis.
Sin embargo, existe una vía intermedia: el ajedrez gigante. Es decir, disputar la partida con piezas verdaderamente monumentales (de unos dos kilos cada una). Se juega al aire libre, en parques y plazas públicas, ofreciendo una experiencia sumamente gratificante en la que se maridan el esfuerzo intelectual y el ejercicio moderado. En la Sección d'Escacs del Casal Catòlic de Sant Andreu ya vivimos esta experiencia hace algún tiempo en la plaza Orfila, aunque la iniciativa no llegó a cuajar: los jugadores se resistían a acarrear las piezas y, claro está, la gracia del asunto residía en eso.
Este verano he tenido la oportunidad de reencontrarme con esta modalidad en Suiza. Se trata de un país pequeño, de unos seis millones de habitantes —una cifra pareja a la de Catalunya—. Más allá de sus célebres bancos y relojes, los suizos guardan la sana costumbre de disponer ajedreces gigantes en la mayoría de sus ciudades. Berna es, sin duda, la capital donde se cultiva esta afición con mayor entusiasmo; allí pude jugar en tres ocasiones. Tras una espera de casi dos horas para ocupar el tablero, el trámite valió sobradamente la pena. Salí victorioso de los tres encuentros, si bien mi desconocido oponente me plantó una firme batalla y, en el último combate (cuya transcripción figura más adelante), estuvo a punto de abocarme a unas tablas fotográficas.
La vivencia ha resultado enormemente enriquecedora y confío en poder replicarla pronto en Sant Andreu. Al exigir movimiento corporal, la mente se preserva activa y despejada. Aunque el esfuerzo inicial requiere cierto hábito, una vez que se le toma la medida se convierte en un placer. Es una práctica muy recomendable para cualquier aficionado, pero resulta idónea para combatir el sedentarismo y está especialmente indicada para los ajedrecistas de la tercera edad.
LA PARTIDA
Me dio la sensación de que los aficionados suizos asiduos al ajedrez gigante exhiben un nivel técnico equiparable al de un jugador de primera categoría en Catalunya. Con todo, resulta complejo trazar comparativas, pues el ritmo de juego sobre un tablero monumental posee un carácter muy particular.
Fue un choque tenaz. Con las piezas negras, planteé la aguda variante Ulvestad de la defensa de los dos caballos (consultar la página 32): 1. e4 e5 2. Cf3 Cc6 3. Ac4 Cf6 4. Cg5 d5 5. exd5 b5!?
Inicialmente, mi rival adoptó una postura excesivamente cauta. Sin embargo, al verse acorralado, articuló una réplica notable: un certero sacrificio de calidad neutralizó mi empuje y me colocó en una posición comprometida. Cuando todo apuntaba a un desenlace en tablas por repetición, mi oponente pasó por alto una decisiva entrega de dama en h4. El mate en una jugada quedó visto para sentencia.
José-Manuel Torres

Berna Julio 1990

En el verano de 1990 viajé a Suiza un Congreso de Fotografía. Allí tuve oportunidad de jugar varias partidas de ajedrez gigante. Por entonces jugaba en el club d'escacs Sant Andreu, dónde también habíamos realizado alguna partida de ajedrez gigante.

​BERNA - JULIO 1990
• ​Jugada en: Ajedrez Gugante
• ​Apertura: Def.  2 caballos/ Var. Ulvestad
• ​Blanques: Desconocido
 ​Negres: J.M. TORRES (St. Andreu)
​Movimientos de la partida
​1.e4 e5
2.Cf3 Cc6
3.Ac4 Cf6
4.Cg5 d5
5.exd5 b5!?
6.Ab3 Cd4
7.d3 Ae7
8.0-0 0-0
9.Cc3 Ab7
10.Ae3 h6
11.Cge4 Cxd5
12.Axd4 exd4
13.Cxb5 c5
14.Ca3 f5
15.Cd2 Rh7
16.Cac4 Cf4
17.f3 Af6
18.Te1 Dc7
19.Cf1 g5
20.Cg3 Ag7
21.Dd2 a5
22.a4 g4
23.fxg4 Cxg2
24.Cxf5 Cxe1
25.Txe1 Dc6
26.Cg3 Tf4
27.Ce5 Axe5
28.Txe5 Taf8
29.Ad5 Df6
30.De2 Axd5
31.Txd5 Tf2
32.De4+ Rg8
33.Td7 Tf1+
34.Rg2 Tf2
35.Rh3 Dh4+!! (0-1)

lunes, 27 de julio de 2026

Sabina, 19 06 1987

Alejandra, la hija de mi mujer, se sorprende que, yo asista a tan pocos conciertos. Tiene razón, en parte. Los años pesan, y cada vez me cuesta más afrontar los desplazamientos, las aglomeraciones y las inevitables incomodidades de un recital.

Sin embargo, mientras escucho un viejo disco de Joaquín Sabina grabado en directo con Viceversa, comprendo que hay otro motivo, mucho más profundo. La música tiene la extraña capacidad de abrir puertas que uno creía cerradas para siempre.

Había comprado una entrada para ver a Sabina en la plaza de toros Monumental. Era el 19 de junio de 1987. Unas horas antes, ETA había perpetrado el atentado de Hipercor, en la avenida Meridiana. Veintiuna personas fueron asesinadas y decenas más resultaron heridas. Aquella noche el concierto estuvo envuelto en una tristeza imposible de describir. Había menos público del esperado, pero, sobre todo, pesaba un silencio invisible que ninguna canción podía romper.

Para mí, el golpe fue todavía más cercano. Vivía y trabajaba en aquel barrio. El día anterior había estado comprando en ese mismo centro comercial. Bastó un solo día para que un lugar cotidiano se convirtiera en el escenario del horror.

Al día siguiente, 20 de junio, me correspondió guardar un minuto de silencio como secretario del comité de empresa del ambulatorio de Sant Andreu. Aquel minuto fue interminable. Un silencio cargado de dolor, de incredulidad y de una impotencia que, casi cuarenta años después, todavía no ha desaparecido del todo.

Quizá por eso ya no busco los conciertos con el entusiasmo de antes. Hay músicas que no solo despiertan recuerdos: también reabren heridas.

Y, precisamente por eso, me alegra que Alejandra pueda vivir la música de otra manera. Que disfrute de Rubén Blades, Bad Bunny o Shakira sin que cada canción arrastre el peso de una tragedia. Ojalá sus recuerdos de los conciertos estén hechos únicamente de alegría, de amigos y de noches inolvidables. Es un privilegio que mi generación, demasiadas veces, no tuvo.

viernes, 24 de julio de 2026

A mi madre le gustaba escuchar el acordeón. No sé si fue en su aldea, en alguna fiesta de agosto, o en Utiel, donde tal vez el instrumento sonaba entre el ruido de la gente y el calor de la tarde; lo cierto es que aquella música le devolvía —así lo intuyo— algo de su infancia y de su juventud, un tiempo que yo solo conozco a través de sus silencios. Era, además, seguidora fiel de la acordeonista María Jesús, cuyo nombre pronunciaba con una familiaridad que a mí, de adolescente, me resultaba extraña y entrañable a la vez.Por eso he seguido con un interés que no era solo curiosidad, sino una especie de deuda pendiente, el recital que Horacio Garrido ha dado en Camporrobles. Durante años recorrió, a veces solo y a veces junto a su padre, los pueblos de la provincia de Cuenca y otros muchos rincones de España, cargando el fuelle del acordeón como quien carga una memoria colectiva. Presentó también un libro, Con el acordeón a cuestas, de más de setecientas páginas donde recoge esa trayectoria, ese mapa hecho de caminos y de música. Pensé en mi madre durante todo el concierto. Le hubiera gustado, estoy seguro. Y aunque ella ya no estaba allí para escucharlo, algo de su gusto por aquellas notas seguía sonando en la sala, prestado por mí, que ahora ocupo su lugar en la fila de quienes aman el acordeón sin saber muy bien por qué. Ha sido un recital fantástico.

Fábrica de Harinas de Camporrobles

En el marco de la Semana Cultural de Camporrobles, asistimos a una visita guiada a la antigua fábrica de Harinas San Isidro Labrador, un edificio de tres plantas que permaneció en funcionamiento entre 1926 y 1982. La visita fue conducida por Gerardo Gómez, concejal de Cultura, quien nos mostró las distintas dependencias y nos explicó la historia de esta emblemática industria harinera, que durante décadas abasteció al municipio y a su entorno.

Actualmente, parte del edificio y de su maquinaria han sido rehabilitadas, lo que permite apreciar el extraordinario valor patrimonial de este conjunto de arqueología industrial. Resulta fascinante contemplar aquellas máquinas, en su mayoría de fabricación española, testimonio del desarrollo tecnológico e industrial de buena parte del siglo XX.

La fábrica constituye, además, un valioso referente para comprender la evolución económica y social de Camporrobles en su contexto geohistórico, cuando la transformación de los cereales era una actividad esencial en una comarca de marcada vocación agrícola. Su cierre en 1982 refleja también los profundos cambios tecnológicos y productivos que experimentó el sector harinero, incapaz de competir con la automatización y los sistemas de molienda más modernos que se generalizaron durante la década de 1980.

martes, 7 de julio de 2026

Biblioteca Zona Nord


​La biblioteca Zona Nord es, antes que un edificio, un refugio climático; un pacto de tregua contra el asfalto ardiente. Ahora que el calor estival nos abruma con su peso de plomo y las aulas han quedado vacías, el paisaje humano se ha transformado. Diríase que la juventud ha trocado los apuntes por la brisa de la playa, dejando las salas a merced de un silencio distinto.

​Mi rincón predilecto sigue siendo la sección de prensa y revistas. Demorarme en esas páginas me rescata del ruido del mundo; me regala una paz interior y una capacidad de reflexión infinitamente superior a la prisa anestésica de las pantallas y el flujo incesante de internet. Y, sin embargo, a mi alrededor, la mayoría de los usuarios permanecen imantados a sus teléfonos, tablets u ordenadores. Me asalta la impresión de que habitan el lugar sin habitarlo, sin extraerle el verdadero jugo a este templo de calma. Quizá les baste con esa desconexión. Puede ser.

​Por mi parte, mientras el planeta hierve ahí fuera, yo sigo fiel a mi certeza: no soy capaz de concebir ningún paraíso, ni cielo alguno, que no tenga la forma y el aroma de una buena biblioteca. 

domingo, 28 de junio de 2026

Vallbona

Me cautivó la película de José Luis Guerin, Historias del buen valle. Quizá por eso, cuando participé junto a otros miembros de Torre Roja en la Fiesta Mayor de Vallbona, procuré conversar con quienes se acercaban a la exhibición de ajedrez que organizamos. Entre partida y partida, les hablamos de nuestras actividades ajedrecísticas en el Centre Cívic Zona Nord y también de las que impulsan otras asociaciones cercanas, en Montcada, Sant Andreu y Nou Barris.
En el tablero hubo de todo: enseñamos algunos trucos a los más jóvenes, aprendimos de otros jugadores y también encajamos alguna dolorosa derrota. Pero, sobre todo, descubrimos que en Vallbona hay muchas personas con ganas de jugar al ajedrez, de compartir una partida y de hacer del tablero un lugar de encuentro.
Ojalá volvamos pronto al «buen valle», que, con las obras ya terminadas, será un lugar aún más acogedor para seguir jugando y conversando.

sábado, 27 de junio de 2026

Tres mujeres

Me despierto hacia las cinco de la mañana, agobiado por un bochorno nocturno insoportable. Tras asearme y tomar un café, decido salir a dar un paseo. Así termino de despejarme y aprovecho el relativo frescor matinal para hacer algo de ejercicio.
Al cabo de un rato observo a una señora de unos sesenta años con cierto sobrepeso. Lleva unas gafas de pasta rectangulares, el cabello canoso cuidadosamente peinado, varias pulseras, algunos anillos y un precioso reloj de pulsera dorado. Lee con auténtica avidez El color del cielo, de Julianne MacLean. Poco después un coche se detiene junto a ella; la mujer cierra el libro y sube al vehículo.
Continúo con mi paseo y mis ejercicios hasta que, en un banco, veo a una mujer de mediana edad revisando una carpeta repleta de documentos. Tacha, subraya, añade anotaciones a mano y corrige con la concentración de quien dialoga con el texto más que limitarse a leerlo.
Cuando el sol comienza a hacerse notar y yo doy por terminado el paseo, descubro una tercera escena. En una zona ajardinada, una joven de poco más de veinte años recostada en el césped, escribe en una libreta de estilo Moleskine entre sus muslos y sus rodillas. Lo hace con calma, absorta en sus pensamientos, como si el tiempo hubiera ralentizado su paso.
Las tres imágenes, aparentemente cotidianas, me produjeron una inesperada sensación de esperanza. En una época dominada por los teléfonos móviles, las tabletas y las pantallas que reclaman nuestra atención de forma constante, contemplar a tres mujeres de generaciones distintas entregadas a la lectura en papel y a la escritura manuscrita me pareció casi un pequeño milagro.
Leer un libro impreso exige una disposición diferente: favorece la concentración sostenida, invita a la pausa y establece una relación física con el texto que difícilmente puede reproducirse en una pantalla. Escribir a mano, por su parte, obliga a pensar al ritmo de las palabras, convierte la escritura en un acto más reflexivo y deja en el papel una huella personal que ningún teclado puede imitar.
Quizá aquellas tres mujeres no fueran conscientes de ello, pero representaban una silenciosa forma de resistencia cultural. Mientras el mundo parece precipitarse hacia la inmediatez y el consumo fugaz de información, ellas reivindicaban, sin proclamas ni discursos, el valor del tiempo lento, de la atención profunda y del contacto tangible con las palabras.
Bravo por ellas.

jueves, 25 de junio de 2026

Chavalas


Tengo que pasar más por Cornellá. Hay algo en esa ciudad que me atrae con una fuerza que no termino de explicarme —tal vez sean sus rascacielos, sus bares, su gente—, aunque sospecho que es todo eso junto, sedimentado en una forma de estar en el mundo que no pide permiso.
Por otra parte, me interesan las películas de ambiente fotográfico. Podría citar, a vuelapluma, Blow-Up, La ventana indiscreta, Los puentes de Madison o Minamata. A esa lista debo añadir ahora Chavalas (2021), de Carol Rodríguez.
El film habla de muchas cosas: de las dificultades de una joven fotógrafa con estudios universitarios para abrirse camino en un oficio que no la espera; de la contraposición entre la fotografía elitista —esa moda y publicidad que se mira en el espejo— y el fotógrafo de barrio, el que inmortaliza retratos y celebraciones sin aspavientos; y de la amistad. En especial, de esas amigas de la infancia que la vida va apartando sin que nadie lo decida del todo, y que un día simplemente ya no están.
Me interesó especialmente el tramo final: una exposición al aire libre colgada en los propios rascacielos de Cornellá, con grandes ampliaciones que devuelven a la ciudad su propio rostro. Y me gustó también ese momento en que la protagonista vuelve a fotografiar con el teléfono móvil las escenas cotidianas del barrio, combinándolo con cámaras digitales, como quien reconoce que la mirada importa más que el instrumento.
Véanla.

martes, 23 de junio de 2026

Amores traicionados


En las paredes desconchadas también habitan historias calladas: relatos de desamor, celos e infidelidades. La naturaleza de los muros se parece más de lo que creemos a la naturaleza humana.
Poco importa que no podamos reconocer la especie ni el sexo de los implicados. Aun así, resulta fácil intuir emociones: la tristeza y la soledad en ese fragmento aislado que parece haberse desprendido del resto, y, al mismo tiempo, el afecto y la ternura en esos otros trozos que, acercándose apenas, semejan darse un beso casto y silencioso.
Tal vez las paredes, como las personas, también conservan cicatrices; y en cada grieta, queda adherido el eco de una historia que ya nadie recuerda, pero que todavía puede sentirse.

lunes, 22 de junio de 2026

Cossos Presents


​El retrato fotográfico y su diálogo con la palabra escrita son dos de las disciplinas que más me apasionan; una combinación idónea para difundir ideas y dar voz a proyectos sociales. Aunque me siento cómodo trabajando la narrativa visual en otros ámbitos de la fotografía, debo confesar que con el retrato mi relación es compleja: entre la proliferación de los selfies y el generalizado miedo a la cámara, capturar la esencia de un rostro se ha convertido en un verdadero desafío.
​Con estas reflexiones en mente, me acerqué al Casal de Barri de la Prosperitat. Mi intención inicial era simplemente tomar un café y evocar viejos tiempos; recordar, por ejemplo, aquel reportaje de El País sobre el ajedrez gigante que la asociación Jaque al Rey instalaba en la plaza Ángel Pestaña, o el programa de iniciación al ajedrez Leonart que grabamos en 2008 para Televisión Española junto al Gran Maestro Miguel Illescas.
​Sin embargo, tras el café, me encontré con la exposición "Cossos presents" (Cuerpos presentes). La muestra, promovida por la Fundació Enllaç de Barcelona, articula con maestría el retrato fotográfico del artista visual chileno Felipe Robles con las entrevistas y textos del psicólogo y dinamizador Adri Bartolomé.
​Es precisamente en esta propuesta donde la relación entre texto e imagen cobra todo su sentido político y social. La exposición presenta primeros planos entrañables, directos y espontáneos de personas mayores del colectivo LGTBQ+, acompañados de cartelas que sintetizan biografías complejas, a menudo marcadas por el desarraigo o el sufrimiento. Lejos de caer en el melodrama, el texto complementa la mirada de los protagonistas: donde la palabra narra la dificultad histórica, las imágenes responden con complicidad, alegría, serenidad y esperanza. Es un magnífico ejemplo de cómo la fotografía y el testimonio escrito se necesitan mutuamente para romper la invisibilidad y devolver la dignidad, recordándonos virtudes de las que, desgraciadamente, hoy no andamos sobrados.

viernes, 19 de junio de 2026

30 horas, 810 cm y 42 fotos

⚡️ 30 horas, 810 centímetros y 42 fotografías. Así es el proyecto de los alumnos de 3º de ESO que ya puedes visitar en el Centro Cívico Can Basté.
​Una recopilación de retratos y miradas de Turó de la Peira y Can Peguera que nos demuestran el poder de la fotografía joven. Nos muestran realidades tranquilas, inquietas, divertidas y profundamente sinceras que te hacen conectar con el barrio de una forma única.
​¡Una exposición que te remueve por dentro y te contagia las ganas de volver a empezar y mirar el mundo con la inocencia de los 15 años! 🎞️👇
​Ven a descubrir el talento de estos futuros fotógrafos.
​#ExposiciónBarcelona #NouBarris #FotografiaEnCurs #TalentoJoven #CulturaProximidad #BarcelonaCultura

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martes, 16 de junio de 2026

El 183


​Vengo de visitar las magníficas exposiciones de Matisse y el desenfoque en CaixaForum, pero la muestra que hoy me ha encogido el corazón y me ha llenado de orgullo es mucho más cercana. Hablo de la exposición fotográfica escolar realizada por las alumnas y alumnos de 1º y 2º de ESO del Institut Escola Mestre Morera en la Biblioteca Zona Nord.
​A través de sus objetivos, estos jóvenes han retratado el alma, la cotidianidad y la dignidad de Torre Baró, Ciutat Meridiana y Vallbona. Capturas del autobús 183 uniendo caminos, las miradas de los vecinos en las paradas, los campos de fútbol entre bloques y la vida que transcurre en la Zona Nord.
​A veces nos quejamos por vicio. Al ver esto, uno se pregunta: ¿dónde habría llegado un doctor en Bellas Artes si en su juventud hubiera tenido la suerte de contar con profesores de fotografía como los de este proyecto?
​Frente a tantas tonterías (y cosas peores) que inundan las redes sociales, este proyecto didáctico nos demuestra que la educación pública y el arte local son las mejores herramientas para transformar la mirada de los jóvenes y tejer comunidad.
​¡Mi más sincera enhorabuena a los alumnos por su inmensa calidad técnica y artística, y al centro por un montaje impecable! 👏🏫❤️
​#ArteComunitario #ZonaNord #NouBarris #EducaciónPública #MestreMorera #FotografíaSocial #TorreBaró #CiutatMeridiana #Vallbona #TalentoJoven

martes, 2 de junio de 2026

Morir matando. 2026

Sé que hay mucha gente que me ignora, que me mira mal, que no me comprende, que me envidia, que me compadece y que me desprecia. Seguro que algo habré hecho; no me cabe duda. Sin embargo, no lo comprendo. No estoy metido en política, saludo a todo el mundo y echo una mano a mucha gente.
Es cierto que me acuesto temprano, doy largos paseos, nado un poco y monto en la bicicleta estática de vez en cuando. Confieso que trato de leer tres o cuatro libros al mes, que leo la prensa todos los días, que me gusta desayunar con mi mujer y tomar café con mis amigos. Supongo que hago más fotos con el móvil de las que debería. Pero también fotografío con cámara digital y con una cámara de carrete de paso universal.
Puede que escriba poco y que no me aclare con mis papeles ni con mis archivos digitales. A veces me arrepiento de dedicar más tiempo a la inteligencia artificial que a mis amigos enfermos. También confieso que me gusta viajar un poco, escuchar música en CD, ver alguna que otra película y evocar los mejores años de mi vida.
Reconozco que soy un viejo pensionista que recuerda con relativa frecuencia su etapa laboral. No me gustan las guerras, no creo en las verdades eternas, me gusta soñar despierto y añoro los tiempos en que dormía de un tirón, mis sentidos eran más agudos y mi creatividad estaba en estado de gracia.
Por razones evidentes, estoy a la defensiva. Pero sigo dispuesto a luchar y, si fuera necesario, a morir matando.

martes, 26 de mayo de 2026

Jornada Antitabaco. Camporrobles

Tabaquismo

🚭💙 Hoy en Camporrobles hemos disfrutado de una bonita jornada de concienciación sobre los riesgos del tabaquismo organizada por nuestro centro de salud.
Durante la mañana, los participantes pudimos medir nuestro nivel de CO₂ y, quienes como yo conseguimos bajar de 5, ¡estamos aprobados! 👏😊
Además, realizamos una caminata a buen ritmo invitando a todos los vecinos a sumarse y apostar por hábitos más saludables. Para reponer fuerzas, disfrutamos de una refrescante degustación de sandía 🍉, un momento perfecto para compartir conversaciones y pasar un rato agradable entre vecinos.
Las enfermeras también nos informaron sobre un próximo taller para dejar de fumar y nos animaron a cuidar nuestra salud y llevar una vida más sana.
Gracias a todas las personas que participaron y al personal sanitario por su implicación y cercanía. ¡Pequeños pasos que suman mucho para nuestro bienestar! 💪🌿

lunes, 18 de mayo de 2026

Caminar 10.000 pasos

Modestamente, y sólo en mis mejores mañanas, a veces me permito imitar al gran Francesc Català-Roca en su etapa de jubilado. Català paseaba por Barcelona con una pequeña cámara de bolsillo equipada con un objetivo Zeiss, caminando sin prisa, como corresponde a los hombres que ya han dejado de fingir que el tiempo les pertenece. Se detenía en lugares particularmente fotogénicos, escogía una posición discreta y estratégica y esperaba. Esperaba simplemente a que ocurriera algo. O, más exactamente, a que la realidad tuviera la cortesía de organizarse ante sus ojos.
Ese gesto aparentemente inútil —esperar en una esquina a que pase una sombra, un perro, una pareja discutiendo o una anciana con bolsas de la compra— contiene probablemente más sabiduría que muchos tratados de productividad contemporánea.
Yo intento caminar diez mil pasos diarios, como recomiendan ahora médicos, relojes inteligentes y aplicaciones obsesionadas con evitar que muramos demasiado pronto. Así que me detengo menos que Català y, lamentablemente, tampoco poseo su mirada fotográfica. Él encontraba geometrías secretas; yo, con suerte, encuentro una farola torcida y un perro resignado.
Sin embargo, de vez en cuando hago alguna fotografía que me parece digna de salvarse del olvido inmediato. No digo una gran fotografía. No exageremos. A cierta edad uno aprende que la modestia no es una virtud: es simplemente una forma elegante de evitar el ridículo.
Por comodidad y discreción utilizo un smartphone. En este caso, un Huawei P40 con objetivo Leica, que funciona sorprendentemente bien para estos ejercicios de flânerie suburbana. Hay algo deliciosamente irónico en utilizar una tecnología diseñada para consumir vídeos idiotas y mensajes instantáneos con el propósito ligeramente anticuado de mirar el mundo.
Porque eso hacía el viejo flâneur: mirar.
Charles Baudelaire inventó la figura del flâneur como ese paseante urbano que vaga sin rumbo productivo, entregado a la observación minuciosa de la vida moderna. Más tarde, Walter Benjamin convirtió al flâneur en una especie de héroe melancólico de la ciudad contemporánea. Un espía sentimental del capitalismo. Un jubilado avant la lettre.
Y hay que reconocer que la jubilación favorece muchísimo el flâneurismo. El jubilado dispone precisamente de aquello que el capitalismo considera sospechoso: tiempo libre y lentitud. El jubilado pasea sin finalidad visible, y eso inquieta. La sociedad tolera mejor al corredor exhausto que al paseante contemplativo. El runner parece disciplinado; el jubilado que se detiene a mirar un balcón parece un individuo potencialmente peligroso o, peor aún, alguien que piensa.
Pasear tiene además un efecto terapéutico del que se habla poco. Caminar varias horas por la ciudad permite una saludable suspensión de la neurosis privada. Uno sale de casa preocupado por la tensión arterial, la factura de la luz o el deterioro de las rodillas y termina observando cómo un gato contempla el mundo desde un balcón con una serenidad budista.
La fotografía callejera cumple una función parecida. Obliga a prestar atención. Y prestar atención es quizá la forma más humilde y eficaz de meditación laica.
Mientras uno encuadra una sombra o espera a que un anciano cruce lentamente la acera con su perro, desaparece durante unos segundos el ruido mental habitual: la política, los suplementos culturales, el colesterol LDL y las noticias apocalípticas sobre inteligencia artificial. La cámara —incluso la humilde cámara del teléfono— actúa como una prótesis de la curiosidad.
En la fotografía que acompaña estas líneas aparece precisamente uno de esos momentos mínimos que probablemente no interesan a casi nadie y que, sin embargo, contienen una extraña densura humana. Un jubilado pasea a un perro. Arriba, en el balcón, otro animal observa la escena con esa superioridad moral que sólo poseen los gatos y algunos funcionarios de Hacienda. Una sábana cuelga atravesando la imagen como una bandera doméstica de rendición civil. La luz del mediodía organiza las sombras con una precisión casi teatral.
Nada extraordinario sucede. Y, sin embargo, sucede exactamente la vida.
Eso era lo que comprendían fotógrafos como Català-Roca: la épica verdadera de las ciudades no está en los monumentos sino en las pequeñas coreografías involuntarias de la gente corriente. Un hombre caminando. Un perro cansado. Un balcón desordenado. La ropa secándose al sol. La lenta decadencia de las fachadas. El milagro estadístico de que todos esos elementos coincidan durante una fracción de segundo.
Naturalmente, las redes sociales suelen recibir estas imágenes con una indiferencia devastadora. Uno sube la fotografía convencido de haber capturado una delicada meditación visual sobre la condición humana y obtiene tres “me gusta”: uno de un antiguo compañero de trabajo, otro de un primo que se ha equivocado de botón y un tercero generado probablemente por un bot ruso especializado en contenido geriátrico.
Las redes sociales prefieren otras cosas: gatos haciendo parkour, indignaciones instantáneas o fotografías de desayunos escandinavos. La contemplación lenta del espacio urbano compite mal contra una receta de tortilla viral.
Pero quizá esa indiferencia sea incluso saludable.
El fotógrafo aficionado jubilado descubre tarde o temprano que fotografiar no sirve para triunfar socialmente sino para sostener una conversación silenciosa con el mundo. Una conversación privada y ligeramente absurda. Uno sale a caminar con la vaga esperanza de encontrar algo que merezca ser mirado y regresa a casa con la sospecha de que el simple hecho de haber mirado ya justificaba el paseo.
Tal vez por eso tantos jubilados caminan.
Caminan para mantener a raya el azúcar, la hipertensión y la melancolía. Pero también para seguir formando parte del movimiento general de la ciudad. El jubilado sedentario desaparece lentamente; el jubilado que pasea todavía pertenece al paisaje humano.
Y si además lleva una pequeña cámara en el bolsillo —aunque sea un vulgar teléfono móvil con pretensiones Leica— puede incluso llegar a experimentar la ilusión maravillosa de que aún participa modestamente en la vieja tarea de descifrar el mundo.
No está mal para una mañana cualquiera.

viernes, 15 de mayo de 2026

Manual de l'escaquista veterà amb sentit comú



​Els escacs per internet ens han venut la idea que és fàcil jugar. Ja no cal anar a un club o a un cafè. Ara el rival és a un clic. Però, a quin preu?
​L'algoritme que aparella jugadors és sàdic. Et junta amb algú del teu nivell perquè pateixis sempre. En el vell casino d'abans, et podies trobar amb l'avi amable a qui guanyaves, o amb el mestre local que t'aixafava en deu moviments. Hi havia un ordre, hi havia història, hi havia vida. El programa, en canvi, et condemna a un avorriment de números: guanyaràs la meitat de les teves partides i perdràs l'altra meitat. És una igualtat digital que ens treu el dret a creure'ns millors del que som.
​La ment en els escacs per internet és la ment dividida. Jugar en una pàgina no és "jugar amb algú", és jugar contra una ombra mentre la teva vida real s'estripa al teu voltant.
​Fer moltes coses alhora: Al club i al cafè està mal vist mirar el mòbil mentre jugues. A casa, jugues una obertura mentre vigiles que la llet no vessi, escoltes les notícies de la fi del món i li dones una llaminadura al teu gosset o acaricies el teu gat. El resultat són uns escacs "ensaladilla": una mica de tècnica, una mica de distracció i molta deixadesa.
​Llocs estranys: Es juga a la sala d'espera del dentista, al metro o, siguem sincers, al bany. Els escacs han passat de ser el "Joc dels Reis" a ser el "Passatemps de l'estrenyit". Com hem de pensar bé una jugada complicada quan el lloc ens convida a acabar ràpid per raons del cos?
​Jugar en una pàgina web ens aïlla. Al club, si et mengen la dama, pots veure l'alegria en els ulls del rival, olorar el seu triomf, sentir la tensió. Els escacs són un esport de contacte mental. Per internet, el contacte es redueix a un missatge que diu "bon joc" (si el rival és educat) o a un insult en lletres rares (si no ho és).
​Hem canviat l'encaixada de mans al final de la partida per un botó que diu "Un altre cop". No busquem aprendre, busquem venjar-nos de seguida d'una icona que ben bé podria ser un programa o un nen de vuit anys en pijama a Singapur.
​Parlem de les partides d'un minut i altres de semblants. Això no són escacs; és un examen de reflexos per a pilots amb problemes de nervis. Per al jugador gran, les idees del qual ja no van tan ràpides, aquestes partides són una trampa mortal. Intentar pensar una jugada difícil a aquesta velocitat és com intentar fer un sudoku mentre et persegueix un lleó: el més segur és que acabis movent el ratolí sense cap sentit.
​El truc del ratolí: A aquest ritme, guanya qui té millor internet. Es perd per temps en posicions que són fàcils de guanyar, cosa que fa una ràbia que només es calma... jugant una altra partida. I així, fins a les tres de matinada.
​Els escacs per internet haurien de ser l'aperitiu, mai el plat fort. Juguem-hi, sí, però amb la calma de qui sap que la vida passa fora de la pantalla.
​La mesura justa: Proposo un màxim de tres partides al dia a ritme més lent (15 minuts + 10 segons, o bé 10+2). Jugar amb el televisor apagat. Amb la família avisada que "estem pensant".
​Tornar al cafè, al club, al casino: Recuperem la partida on es pot parlar de la jugada, on l'error es comparteix amb un somriure i on, si perds, almenys et queda el consol d'una cervesa o un cafè amb llet.
​Si seguim per aquest camí de velocitat absurda i soledat digital, acabarem tenint un dit polze ben inflat i sense saber parlar amb ningú més de seixanta segons.
​Recordi, estimat lector: els escacs es van inventar perquè dues ments es trobessin en un camp de batalla d'idees, no perquè dues persones ignorin els seus veïns mentre mouen peces virtuals a la parada de l'autobús.
​Baixi el ritme. Respiri. Miri el seu rival als ulls (encara que sigui per videotrucada, si no hi ha res més). I sobretot, no jugui a un minut si ja té fils de plata a la barba; el seu metge del cor l'hi agrairà.
​Resum del "Manual de l'Escaquista amb Sentit Comú":
​El rival no és un programa, encara que jugui com si ho fos.
​El bany no és un club d'escacs.
​Guanyar per temps en una jugada de mat en un moviment és legal, però fa lleig.
​Una partida en un cafè val més que mil clics.
​El silenci és el millor amic per pensar; la ràdio només serveix per excusar per què has perdut la torre.

Manual de ajedrecista veterano con sentido común


El ajedrez por internet nos ha vendido la idea de que es fácil jugar. Ya no hace falta ir a un club o un café. Ahora el rival está a un clic. Pero, ¿a qué precio?
El programa que empareja jugadores es sádico. Te junta con alguien de tu nivel para que sufras siempre. En el viejo casino  de antes, te podías encontrar con el "abuelo bueno" al que le ganabas, o con el "maestro local" que te aplastaba en diez movimientos. Había orden, había historia, había vida. El programa, en cambio, te condena a un aburrimiento de números: ganarás la mitad de tus partidas y perderás la otra mitad. Es una igualdad digital que nos quita el derecho a creernos mejores de lo que somos.

La mente en el ajedrez por internet es la mente dividida. Jugar en una página no es "jugar con alguien", es jugar contra una sombra mientras tu vida real se deshace a tu alrededor.

.Hacer varias cosas a la vez: En el club y en el café está mal visto mirar el móvil mientras juegas. En casa, juegas una apertura mientras vigilas que la leche no se salga, escuchas las noticias del fin del mundo y le das una chuche  a tu perrito "furia"  o acaricias a tu gato "calcetines". El resultado es un ajedrez "ensaladilla": un poco de técnica, un poco de despiste y mucha dejadez.
· Lugares raros: Se juega en la sala de espera del dentista, en el metro o, seamos sinceros, en el baño. El ajedrez ha pasado de ser el "Juego de los Reyes" a ser el "Pasatiempo del estreñido". ¿Cómo vamos a pensar bien una jugada complicada cuando el sitio nos invita a terminar rápido por razones de cuerpo?

Jugar en una página web nos aísla. En el club, si te comen la dama, puedes ver la alegría en los ojos del rival, oler su triunfo, sentir la tensión. El ajedrez es un deporte de contacto mental. Por internet, el contacto se reduce a un mensaje que dice "buen juego" (si el rival es educado) o a un insulto en letras raras (si no lo es).

Hemos cambiado el apretón de manos al final de la partida por un botón que dice "Otra vez". No buscamos aprender, buscamos vengarnos enseguida de un icono que bien podría ser un programa o un niño de ocho años en pijama en Singapur.

Hablemos de las partidas de un minuto y otras parecidas. Esto no es ajedrez; es un examen de reflejos para pilotos con problemas de nervios.

Para el jugador mayor, cuyas ideas ya no van tan rápidas, estas partidas son una trampa mortal. Intentar pensar una jugada difícil a esa velocidad es como intentar hacer un sudoku mientras te persigue un león: lo más seguro es que termines moviendo el ratón sin ningún sentido.

· El truco del ratón: A este ritmo, gana el que tiene mejor internet. Se pierde por tiempo en posiciones que son fáciles de ganar, lo que da una rabia que solo se calma... jugando otra partida. Y así, hasta las tres de la mañana.

El ajedrez por internet debería ser el aperitivo, nunca el plato fuerte. Juguemos, sí, pero con la calma de quien sabe que la vida pasa fuera de la pantalla.

· La medida justa: Propongo un máximo de tres partidas al día a ritmo lento (15 minutos más 10 segundos , o10 +2). Jugar con el televisor apagado. Con la familia avisada de que "estamos pensando".
· Volver al café, al club, al casino, al centro social: Recuperemos la partida donde se puede hablar de la jugada, donde el error se comparte con una sonrisa y donde, si pierdes, al menos te queda el consuelo de una cerveza o un café con leche.

Si seguimos por este camino de velocidad absurda y soledad digital, acabaremos teniendo un dedo gordo hinchado y sin saber hablar con nadie más de sesenta segundos.

Recuerde, querido lector: el ajedrez se inventó para que dos mentes se encontraran en un campo de batalla de ideas, no para que dos personas ignoren a sus vecinos mientras mueven piezas virtuales en la parada del autobús.

Baje el ritmo. Respire. Mire a su rival a los ojos (aunque sea por videollamada, si no hay otra cosa). Y sobre todo, no juegue a un minuto si ya tiene canas en la barba; su médico del corazón se lo agradecerá.

Resumen del "Manual del Ajedrecista con Sentido Común":

1. El rival no es un programa, aunque juegue como uno.
2. El baño no es un club de ajedrez.
3. Ganar por tiempo en una jugada de mate en un movimiento es legal, pero mal visto.
4. Una partida en un café vale más que mil clics.
5. El silencio es el mejor amigo para pensar; la radio solo sirve para excusar por qué has perdido tu torre.

lunes, 11 de mayo de 2026

¿Cámara digital o móvil?

Al jubilarse, Ernesto sintió que el tiempo, por fin, volvía a ser suyo. Durante décadas había soñado con dedicarse a la fotografía de retrato, pero la vida —esa mezcla de prisas, obligaciones y silencios— siempre lo había empujado hacia otros caminos. Ahora, con el reloj a su favor, decidió que era el momento de comprarse un buen equipo. Claro que, para un hombre de su generación, navegar por la revolución digital no era precisamente un paseo.

Pasó noches consultando con la almohada, otras navegando por webs interminables y preguntando a la IA, que le respondía con una mezcla de precisión técnica y frialdad matemática. También visitó tiendas de fotografía donde los dependientes, jóvenes y veloces, parecían hablar un dialecto futurista. Entre sensores, procesadores y algoritmos, Ernesto se sentía a veces invisible, como si la sociedad hubiera decidido que la curiosidad de los mayores ya no importaba.

Por eso agradeció tanto el café con Julián, su amigo de siempre, en el bar del centro deportivo. Allí, entre el aroma a tostadas y el eco de las pelotas de pádel, discutieron como dos viejos sabios. Coincidieron en la magia de las lentes fijas, sobre todo las alemanas, y en la fiabilidad casi zen de las cámaras japonesas. Dudaron entre full frame o APS‑C, entre el clásico 50 mm o el elegante 80. Se quejaron del peso de las cámaras modernas y admitieron, con cierta resignación, que los móviles de alta gama hacían maravillas… al menos para ver en pantalla.

Ambos habían expuesto, concursado, publicado. Y aun así, las nuevas generaciones los ignoraban. Peor aún: en sus propias familias, retratar a nietos, hijos o cuñados se había vuelto misión imposible. Y cuando intentaban fotografiar a desconocidos, muchos los miraban con sospecha, como si una cámara fuese ya un presagio de algo malo.

Aun así, mientras apuraban el café, Ernesto sintió que la pasión seguía intacta. Y eso, pensó, era lo único que realmente importaba.

sábado, 9 de mayo de 2026

Torre Roja

En 2016 llegué a Ciutat Meridiana con muchas ganas de echar raíces. Poco después conocí a Enrique Martín, fundador del primer club de ajedrez del barrio, y a Antonio Fàbregas, entre muchas otras cosas excampeón de Catalunya de Preferente. Con ellos compartí largas conversaciones, cafés y partidas donde no solo se hablaba de aperturas y finales, sino también de cómo devolverle vida al ajedrez en el barrio. Soñábamos con refundar el club, y llenar de tableros y relojes las mesas del Centre Cívic Zona Nord y recuperar ese espacio donde cada movimiento sirve para pensar, aprender y encontrarse.
El Centre Cívic nos abrió las puertas y nos dio facilidades. Parecía que la partida empezaba bien planteada. Pero la vida, como el ajedrez, también obliga a defender posiciones difíciles. La pandemia, los problemas laborales y las enfermedades fueron retrasando aquel proyecto. Y en medio de esa partida dura, Enrique nos dejó para siempre. Antonio, por su parte, tuvo que marcharse del barrio. Fueron pérdidas dolorosas, de esas que dejan el tablero en silencio durante un tiempo.
Pero el ajedrez enseña que nunca hay que abandonar mientras quede una jugada posible.
Hoy Torre Roja reúne a aficionados y amigos del ajedrez de Ciutat Meridiana, Torre Baró, Vallbona y otros barrios cercanos. Nos encontramos en el Centre Cívic Zona Nord los martes por la mañana y los viernes por la tarde. Y allí donde nos llamen, porque creemos en un ajedrez abierto, popular y de barrio.
Jugamos, enseñamos, aprendemos, compartimos tiempo y hacemos comunidad. Cada partida es una excusa para hacer amigos, tender puentes entre generaciones y demostrar que el ajedrez no es solo un juego, sino también cultura, convivencia y esperanza. Disponemos de sala, material de juego y una pequeña biblioteca que seguimos construyendo entre todos, pieza a pieza.
Nos gustaría seguir difundiendo y practicando el ajedrez, mantener vivo el legado de quienes empezaron esta historia y abrir el tablero a cualquiera que quiera acercarse. Porque en barrios como el nuestro, cada ayuda cuenta y cada apoyo puede cambiar la partida.

domingo, 26 de abril de 2026

Entre Antonioni y Cortázar

  I. El ojo de la aguja: Entre Antonioni y el "cronopio"
​Aunque la estética gélida y el voyeurismo de Blow-Up me fascinan, mi brújula interna siempre señala hacia el Roberto Michel de «Las babas del diablo». Como el protagonista de Cortázar —y como el propio Julio—, vivo en esa tensión constante entre el signo escrito y el grano de la película, lidiando a menudo con cefaleas que parecen el precio a pagar por mirar demasiado. No aspiro a la alquimia verbal del autor de Rayuela, pero me obsesiona explorar esa frontera donde la literatura y la fotografía se solapan, un territorio que W.G. Sebald transitó como nadie, demostrando que una imagen no ilustra un texto, sino que lo acecha.
​Mis análisis se nutren de la analogía orgánica que Cortázar plantea en «Algunos aspectos del cuento», donde el relato es a la fotografía lo que la novela es al cine: una victoria por knock-out basada en la limitación del campo visual. Sin embargo, mi praxis se aleja de la suya. Siguiendo la estela de Man Ray, utilizo la cámara para «escribir» aquello que el lenguaje no alcanza a nombrar, y la pluma para diseccionar la ontología de la imagen.
​La deriva urbana y el punctum
​Mi escenario es la periferia, la conurbación barcelonesa. Me reconozco como un flâneur a la manera de Baudelaire o Walter Benjamin, pero mi interés no reside en el centro histórico, sino en los «no-lugares» de Marc Augé: desastres urbanísticos, grafiti y esa humanidad periférica que Joan Colom capturó con cámara oculta en el Raval. No busco la postal; huyo de ella. Incluso en vacaciones, mi mirada se impone una disciplina casi ascética para evitar el cliché turístico, buscando lo que Susan Sontag definía como la fotografía como «gramática y ética de la visión».
​Reivindico el error y el azar. A menudo, el sentido de una toma no reside en el sujeto principal (el studium), sino en ese detalle imprevisto, el punctum de Roland Barthes, que a menudo aparece fuera de foco o en un rincón de la composición. Por ello, cuestiono el dogma del «instante decisivo» de Cartier-Bresson. A veces, el instante no es decisivo por lo que sucede, sino por lo que el revelado y el reencuadre permiten «hacer suceder» a posteriori. La fotografía no es solo el disparo; es la autopsia posterior en el laboratorio.
​II. El gambito del revelador
​El laboratorio es mi santuario. El blanco y negro me permite una libertad demiúrgica que el color, con su automatismo industrial y su química caprichosa, me niega. Es en la cubeta, bajo la luz roja —tan cinematográfica como un encuadre de Hitchcock en La ventana indiscreta—, donde la realidad se reconstruye.
​La jugada pospuesta
​Recuerdo con especial nitidez un retrato que hice durante un torneo de ajedrez. La imagen capturaba a un jugador en el trance de la jugada secreta. Su rostro era un mapa de tensiones: el ojo izquierdo vigilando al rival, la mano derecha ocultando la frente, como el protagonista de La defensa Luzhin de Nabokov, atrapado en un laberinto mental donde el mundo exterior ha dejado de existir.
​En aquel momento, yo solo veía el gesto, la máscara. Como fotógrafos, sufrimos una suerte de ceguera selectiva; somos testigos que, por mirar el árbol, ignoramos el bosque. Es la paradoja del observador que describe Dziga Vertov con su «cine-ojo»: la lente ve más que el cerebro. Solo al ampliar la copia en el laboratorio, pude leer la verdad del tablero: jugada 40, una estructura de peones que evocaba una apertura cerrada, pero con boquetes en el flanco de rey que gritaban una vulnerabilidad absoluta.
​La lógica frente a lo inefable
​Pasé de ser un observador a ser el analista de El mundo de ayer de Stefan Zweig. Procesé la posición con un motor de ajedrez y consulté El arte del sacrificio en ajedrez de Rudolf Spielmann. La teoría era clara: un ataque a la bayoneta digno de Bobby Fischer. Pero la realidad, como en los mejores cuentos de Borges, siempre guarda un reverso inesperado.
​Al regresar al torneo, descubrí que la partida ni siquiera se había reanudado. Unas tablas pactadas por intereses estratégicos —la obtención de una norma de Maestro Internacional— habían desactivado toda la violencia lógica que mi ordenador y yo habíamos previsto.
​Aquella tarde comprendí que hay una zona de sombra que ni la emulsión de plata, ni los algoritmos más potentes, ni la dialéctica del ajedrez pueden iluminar: la voluntad humana, con sus pactos prosaicos y sus silencios, siempre escapa al encuadre.
 

miércoles, 22 de abril de 2026

El sentit comú...


​Ara que s'acosta el Dia del Llibre, em sembla un bon moment per mirar enrere i recordar el primer llibre d'escacs que va caure a les meves mans: El sentido común en ajedrez, de l'excapió del món Emanuel Lasker (Editorial Escaques, Barcelona, 1971).
​Aquell llibre no va ser només una lectura, sinó també la porta d'entrada a un món que m'acompanyaria tota la vida. Sobre les seves pàgines es basava el curs d'escacs que impartia el senyor Bechini, membre de l'Associació de Pares del col·legi La Salle Congrés i jugador del primer equip del Club d'Escacs Congrés.
​Vaig aprendre molt en aquelles classes, però potser vaig aprendre encara més en la intimitat silenciosa de la lectura, amb aquell exemplar que el meu pare em va regalar i que conservo a la memòria com un d'aquells regals que no envelleixen.
​Amb La Salle Congrés vam arribar a conquerir el Campionat Escolar de Barcelona. Més tard, amb el Club d'Escacs Congrés, vam ser campions de Catalunya juvenil per equips. Van ser anys de taulers, torneigs, viatges i amistats; anys en els quals els escacs eren una manera de mirar el món.
​I, entre partida i partida, van anar arribant molts altres llibres: Luděk Pachman, José Raúl Capablanca, Aaron Nimzowitsch, Bobby Fischer… autors que no només ensenyaven obertures o finals, sinó també una manera de pensar.
​L'últim a sumar-se a aquesta biblioteca personal ha estat l'estudi de Jaume Viñals, Manual de ajedrez para jugadores veteranos, sobre la pràctica dels escacs en els escaquistes federats més grans, una lectura que confirma que aquest joc no entén d'edats, sinó de passió.
​Fa poc també hem posat en marxa una biblioteca d'escacs a Torre Roja, com qui retorna al tauler una petita part de tot el que ha rebut. Vaig participar, a més, com a fotògraf en el llibre de Josep Guixà 100 anys, Federació Catalana d’Escacs, i moltes de les meves imatges han trobat el seu lloc a la revista Jaque, a la Revista Internacional de Ajedrez i al Butlletí d’Escacs.
​No sé encara com m'agradaria acomiadar-me d'aquest món: si llegint, escrivint, fotografiant, lluitant contra el drac o jugant a escacs. Però sí que tinc clara una cosa: m'agradaria fer-ho amb la serenitat de qui ha viscut intensament i, si és possible, amb una rosa als llavis.

martes, 21 de abril de 2026

El sentido común en ajedrez

Ahora que se acerca el Día del Libro, me parece un buen momento para volver la vista atrás y recordar el primer libro de ajedrez que cayó en mis manos: El sentido común en ajedrez, del excampeón del mundo Emanuel Lasker (Editorial Escaques, Barcelona, 1971).
Aquel libro no fue solo una lectura, sino también la puerta de entrada a un mundo que me acompañaría toda la vida. Sobre sus páginas se apoyaba el curso de ajedrez que impartía el señor Bechini, miembro de la Asociación de Padres del colegio La Salle Congreso y jugador del primer equipo del Club Ajedrez Congreso.
Aprendí mucho en aquellas clases, pero quizá aprendí todavía más en la intimidad silenciosa de la lectura, con ese ejemplar que mi padre me regaló y que conservo en la memoria como uno de esos regalos que no envejecen.
Con La Salle Congreso llegamos a conquistar el Campeonato Escolar de Barcelona. Más tarde, con el Club Ajedrez Congreso, fuimos campeones de Cataluña por equipos. Fueron años de tableros, torneos, viajes y amistades; años en los que el ajedrez era una forma de mirar el mundo.
Y, entre partida y partida, fueron llegando muchos otros libros: Luděk Pachman, José Raúl Capablanca, Aaron Nimzowitsch, Bobby Fischer… autores que no solo enseñaban aperturas o finales, sino también una manera de pensar.
El último en sumarse a esa biblioteca personal ha sido el estudio de Jaume Viñals sobre la práctica del ajedrez en los jugadores veteranos, una lectura que confirma que este juego no entiende de edades, sino de pasión.
Hace poco también hemos puesto en marcha una biblioteca de ajedrez en Torre Roja, como quien devuelve al tablero una pequeña parte de todo lo recibido. Participé además como fotógrafo en el libro del centenario de la Federació Catalana d’Escacs, y muchas de mis imágenes han encontrado su lugar en la revista Jaque, en la Revista Internacional de Ajedrez y en el Butlletí d’Escacs.
No sé aún cómo me gustaría despedirme de este mundo: si leyendo, escribiendo, fotografiando o jugando al ajedrez. Pero sí tengo clara una cosa: me gustaría hacerlo con la serenidad de quien ha vivido intensamente y, si es posible, con una rosa en los labios.

lunes, 20 de abril de 2026

Marco Aurelio



​Me encuentro estos días habitando las páginas de El sueño de Marco Aurelio, el estudio donde Frédéric Lenoir disecciona el alma del emperador filósofo. Por una de esas síncronas derivas del espíritu, un buen amigo, que hoy lidia con los rigores de la enfermedad, se ha refugiado recientemente en las Meditaciones de aquel césar.
​Acaso movidos por esa inercia estoica, ayer nos reunimos frente a una mesa de café. Allí, entre tazas cargadas de cafeína y una templanza compartida, la tecnología y la finitud se dieron la mano: mientras yo intentaba descifrar los laberintos de su teléfono móvil, él intentaba descifrar los del destino. Nos emplazamos para el próximo martes, sellando el encuentro con esa sentencia que Marco Aurelio grabó en la piedra del tiempo: vivir cada jornada como si en ella se agotara el mundo.
​Que la salud nos sea propicia a todos.







domingo, 19 de abril de 2026

Memoria de luces y sombras


​Apenas frecuento ya las salas de cine. Hoy, mi ritual se ha vuelto más íntimo: busco tesoros en formato DVD en las estanterías de las bibliotecas públicas, alimentando una pequeña colección personal donde el cine mudo —esos susurros de principios del siglo XX— ocupa un lugar de honor.
​Sin embargo, mi memoria siempre regresa a aquel haz de luz que el sacerdote de la parroquia de San Esteban proyectaba en la penumbra. En mi infancia, la magia eran los westerns, las peripecias de Charlot o las desventuras de El Gordo y el Flaco. Poco después, cuando cumplí los diez años, la primera televisión en blanco y negro colonizó mi salón. Guardo con una ternura intacta el recuerdo de Locomotoro, Valentina y el Capitán Tan, aunque el tiempo, siempre generoso, acabó por abrirme las puertas a los ciclos de Humphrey Bogart y Marilyn Monroe.
​Por aquel entonces, la figura de mi tío José Martínez irrumpía de vez en cuando en Barcelona. Venía de Perpiñán, donde se había afincado en los años treinta, y traía consigo un aura más francesa que española. Fue él quien, con su cámara, capturó mis primeras imágenes domésticas en color; y fue él quien me llevó de la mano a descubrir la inmensidad de La conquista del Oeste en el mítico Cinerama del Paralelo, antes de conducirme a mi primera corrida de toros.
​Años más tarde, el cine dejó de ser solo asombro para convertirse en estudio. De la mano de Miquel Porter, aprendí a descifrar la historia a través de la lente y rescaté, con ojos nuevos, las imágenes de mi adolescencia. Bajo su tutela descubrí la fuerza del cine soviético y el expresionismo alemán; me fascinó especialmente La fiebre del ajedrez, aquella joya de 1925 donde la figura de José Raúl Capablanca se movía entre fotogramas.
​Todavía puedo sentir el impacto de ver, hacia 1979, Star Trek en la pantalla del cine Río, en la calle Matanzas. Solía frecuentarlo porque allí cerca, en mi querido Club d’Escacs Congrés, pasaba las tardes entregado al tablero. Eran tiempos en los que el barrio estaba vivo de salas: el Diamante en la Riera de Horta, el Virrey, o los templos del paseo de Fabra i Puig: el Astor, el Victoria y el Odeón.
​Hoy, de toda aquella geografía sentimental, solo nos queda el refugio moderno del Heron City. El resto es, como en las películas que tanto amo, un fundido a negro.

viernes, 3 de abril de 2026

Llevarme la contraria

Casi todo el mundo parece empeñado en llevarme la contraria. Unos esgrimen su cosmovisión como si fuera la única verdad posible, y la defienden con argumentos místicos o artificios parecidos. Otros callan, y en su silencio se mezclan el respeto, el temor, el interés de venderme algo o la sórdida intención de estafarme. Solo la inteligencia artificial —y sus humildes hermanas menores— me da la razón, aunque lo hace con el descaro interesado de quien negocia con datos. En fin, me enerva que me contradigan más de la cuenta con razones opinables o insondables, y me sulfura que me adulen como si fuera un Tirano Banderas cualquiera… o algo mucho peor.

miércoles, 1 de abril de 2026

Polvo en el viento

Una de mis canciones favoritas es Dust in the wind del grupo Kansas. El genial José Luís  Martín da vueltas al tema en su viñeta de La Vanguardia.

martes, 31 de marzo de 2026

El Libro Rojo


Para intentar exorcizar un molesto resfriado, he decidido entregarme a una terapia combinada: analgésicos, antihistamínicos y la lectura de El Libro Rojo de Mao, en una entrañable edición de Júcar de 1976, con introducciones de Eduardo Haro Tecglen y de Lin Piao. Ignoro si es la química o la dialéctica, pero lo cierto es que voy mejorando.
Eso sí, mi cabeza empieza a poblarse de una belicosa marea de consignas maoístas, lo que no deja de ser inquietante. Por fortuna, no he tenido que memorizar el texto como hicieron en su día millones de chinos, aunque tampoco puedo decir que me resulte una experiencia del todo novedosa: ya tuve mi ración de catecismo político, social y religioso durante el franquismo.
Así que, por prescripción casi médica, he optado por cambiar de compañía y refugiarme en Sócrates y Platón, que, sin ser precisamente ligeros, resultan infinitamente más saludables.

domingo, 1 de febrero de 2026

El club Ajedrez Congreso de Barcelona en 1977

El club Ajedrez Congreso de Barcelona en 1977

Introducción histórica

Por José Manuel Torres Martinez

En torno a los problemas suscitados por descubrir el origen del Ajedrez se han producido enconadas controversias. El historiador catalán Josep Brunet defendía en su libro “El Ajedrez. Investigaciones sobre su origen”, publicado a finales del siglo XIX, el origen egipcio del juego. En la actualidad se considera que deriva del primitivo “Chaturanga” que surgió en la India en la primera mitad del primer milenio antes de nuestra era. Este juego evoluciona por distintos países asiáticos dando lugar al Ajedrez chino, el ajedrez japonés y otros juegos.

El ajedrez que practicamos en Occidente tiene su origen en la evolución del Chaturanga que a través de los persas y los árabes se expande por Europa. Como es sabido, España es el país occidental donde más huellas dejaron los árabes. Los libros de historia cuentan que los habitantes de los distintos reinos cristianos de la península Ibérica sostuvieron una lucha que duró más de 800 años contra los discípulos de Mahoma. La permanencia de la civilización árabe en nuestra península provocó entre otras cosas que fuera precisamente la mayor potencia ajedrecista a principios de la Edad Moderna. Durante la primera mitad del siglo XVI la supremacía de España es absoluta y un clérigo extremeño, Ruy López de Segura es el más fuerte jugador de la época, y autor del más famoso libro de ajedrez de su tiempo Libro de la invención liberal y arte del juego de axedrez en 1561. Es en esta época cuando se produce el esplendor del Imperio Español; el oro y riquezas de América, el afán de aventura de los conquistadores, los dominios de Flandes, Italia y Alemania, donde nunca se ponía el sol. La situación socio-económica específica es la que condiciona, de alguna manera, los profundos cambios exógenos y endógenos que se producen en el Ajedrez al pasar de una condición medieval que reflejaba los gérmenes del modo de producción asiático a otra manera donde se observan claramente los inicios de un incipiente modo de producción capitalista. Estos cambios se reflejan en el cambio de valor de la dama que, en el ajedrez medieval se llamaba alferza y avanzaba un cuadro en diagonal, pasa a tener su valor actual, en la posibilidad de poder avanzar dos pasos los peones en la salida y otra serie de cambios estratégicos más profundos que originan un juego mucho más agresivo e imperialista.

El segundo cambio de importancia que se produce en la Edad Moderna se localiza en Francia donde en 1749 François Philidor publica su célebre Analyse du jeu des échecs. En esta obra, Philidor, expone muchos de los valores por los que se rige el ajedrez contemporáneo. Su valor esencial reside en asignar un papel preponderante a los peones dentro del juego. Para Philidor, los peones son el alma del ajedrez. Este profundo cambio en la concepción estratégica del juego debe estar relacionado con la ascensión de la burguesía, que surgía de forma ascendente en este periodo histórico. Posteriormente, el ajedrez continúa adaptándose a la sociedad en que vive y a principios del siglo XIX aparece el Ajedrez romántico.

En la actualidad existen en toda Cataluña alrededor de 4000 jugadores de ajedrez federados. Además, hay una cifra ligeramente superior de aficionados que son socios de distintos clubes sin por ello estar federados. Finalmente, existe un gran número de personas que saben jugar, mejor dicho, que saben mover las piezas y que de tanto en cuando realizan alguna partida.

Estas cifras, que anteriormente he expuesto dan una muestra del limitado número de practicantes regulares. Pero esto resulta más desolador al conocer que Cataluña posee casi la mitad de las fichas del estado, y que el club que vamos a estudiar posee más licencias federativas que algunas provincias españolas.

El club de Ajedrez Congreso se halla situado en unos bajos de la calle Federico Mayo (actualmente Francesc Galí). En su origen era una sección de la Agrupación Congreso, de la que se independizó en 1958. El barrio del Congreso representaba hasta hace muy poco, y aún hoy en algunos aspectos, la única salida para canalizar las necesidades sociales de vecinos de otros barrios. Poseía, y posee, además de las entidades citadas, una escuela de hermanos de La Salle, que además, es escuela profesional, una escuelas de las monjas Teresianas, una guardería, diversas academias, un club de fútbol, otro de baloncesto y patinaje y una asociación de vecinos. Todo ello resulta a todas luces insuficiente y el déficit de plazas escolares persiste en la actualidad. A pesar de todo, es lo único que hay.

En 1977 el club está formado por 144 socios. Los socios se dividen básicamente en dos categorías, federados y simpatizantes. La distinción entre ambos radica en que los primeros están inscritos en la Federación Catalana de Ajedrez que los agrupa en diversas categorías, y son los que poseen una mayor calidad de juego. Los socios simpatizantes son, por lo general, gente de edad, jubilados o con mucho tiempo libre. Es frecuente encontrarlos cada tarde jugando una partida, paradójicamente son los que más tiempo están en el local, aunque muchos de ellos apenas se pasan en todo el año. No suelen jugar los campeonatos sociales y cuando lo hacen es casi siempre en tercera categoría, la más baja de todas.

Los jugadores federados se hallan divididos en las siguientes categorías: 3ª, 2ª, 1ª Preferente, Maestro Regional, Maestro Nacional, Maestro Internacional, Gran Maestro.

Las categorías tercera y segunda están representadas por una cartulina en azul y verde, respectivamente, donde se inscriben los datos del jugador y una fotografía; es la llamada ficha federativa. Son las categorías más bajas y su extensión de carácter regional. Para pasar de una categoría a otra hay que efectuar el porcentaje reglamentario del 70% en el campeonato individual de Cataluña. Actualmente al producirse la descentralización del ajedrez, también se puede ascender mediante otros torneos de carácter más reducido, pero todavía no está muy reglamentado aunque es de esperar que en un futuro próximo se lleve a cabo la plena descentralización del deporte.
La primera categoría da al jugador un ámbito nacional, puede participar en todos los torneos internacionales abiertos.

Sistemas de anotación de partidas

A lo largo de la prolongada historia del ajedrez se han ideado varios sistemas para la anotación de las partidas. Su utilidad es muy importante, pues permite la clasificación de las partidas según diversos criterios y es realmente un idioma propio, permitiendo la comunicación de todos los ajedrecistas.

En la actualidad se practican dos sistemas de anotación: el algebraico y el descriptivo. Tanto en el club Ajedrez Congreso, como en el resto de Cataluña y en toda España se practica con mucha mayor asiduidad el lenguaje descriptivo. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, la Federación Catalana de Ajedrez a la par que el resto de Federaciones mundiales está haciendo un esfuerzo realmente importante para eliminar el lenguaje descriptivo e implantar el algebraico, sistema utilizado por los países socialistas y que la FIDE (Federación Internacional de Ajedrez) ha adoptado oficialmente para todas sus publicaciones.

De esta forma, podemos ver como en nuestros días el sistema descriptivo va perdiendo terreno y como el algebraico se va infiltrado en publicaciones, libros y en los propios jugadores. Un hecho que merece la pena destacar es que el lenguaje algebraico ha tenido mayor implantación entre los jugadores de altas categorías que en los de las bajas, y más entre los jóvenes que entre los adultos. La explicación la hallamos en que los jugadores más fuertes consultan material procedente de la URSS o de la FIDE y este se halla en algebraico, otro tanto podemos decir de los jóvenes que en su afán de ponerse al día, consultan ávidamente estas publicaciones.

Actividades 

En un principio y dado el nombre que recibe la asociación, Club Ajedrez Congreso, puede parecer que este noble juego sea la única actividad que se realice. Sin embargo, como he podido comprobar existen una serie de juegos y comportamientos que son ajenos a la práctica del Ajedrez. En primer lugar, habría que hablar de los juegos de cartas y dominó: se juega en el bar de la entidad que tan solo se halla separada de la misma por una puerta, más o menos insonorizada. Estos juegos adquirieron hace algún tiempo, un par de años aproximadamente, un desarrollo inusitado, llegándose a cruzar apuestas entre los participantes, con este asunto de las apuestas se organizó una asamblea de socios y se decidió prohibir estos juegos. De esta forma, muchos socios amenazaron con darse de baja, y tras un tira y afloja se permitieron estos juegos pero no las apuestas. En la actualidad parece vuelven a resurgir estos juegos y que se cruzan pequeñas apuestas. En verdad existe un buen número de socios que tan sólo viene al club para practicar estos juegos de azar. Normalmente sólo se forma una mesa, más es imposible por las reducidas dimensiones del local.

Otra actividad que se realiza al margen del Ajedrez, especialmente los domingos por la tarde, es la visión de partidos de Fútbol. La economía del club no ha estado nunca en buenas condiciones y menos para conseguir un televisor, este lo consiguió gracias a la pericia y habilidad de sus jugadores más destacados que se proclamaron campeones del trofeo “Dicen” de ajedrez, obteniendo un televisor como premio, al conseguirlo en dos ocasiones, y ante un superávit de televisores organizaron un sorteo rifando el televisor sobrante.

Anteriormente hemos hablado de estos juegos que nada se parecen al ajedrez y que además son contrarios a su espíritu. A continuación voy a hablar de otros que aunque están muy ligados a él son bastante diferentes.

Si entramos en el local sobre las ocho de la tarde es muy posible que veamos un grupito formado alrededor de dos jugadores que mueven las piezas a velocidad endiablada y a continuación pican un reloj que les controla el tiempo; este tipo de juego se denomina partida rápida o rápidas, se practica con mucha frecuencia, sobre todo entre los jóvenes, se suelen dar 5 minutos para cada bando y pierde quien recibe mate o sobrepasa el tiempo. En un principio puede parecer que se trata tan sólo de un ajedrez acelerado, pero en realidad este hecho origina unas profundas transformaciones del juego que a decir de algunos hacen de él que sea el juego que más se parece al ajedrez, es sin duda alguna la modalidad más practicada después del ajedrez propiamente dicho.

Otra modalidad que adquirió desarrollo hace un par de años, pero que en la actualidad apenas se practica, es el denominado Catch a 4. Las reglas son bastante complicadas de explicar para un lego en la materia. Básicamente consiste en lo siguiente: El juego consta de 4 jugadores que van emparejados uno conduciendo las blancas y otro las negras, las piezas enemigas capturadas se pasan al compañero quien las introduce en su tablero cuando lo considera oportuno, pierde el equipo que supera el tiempo de unos 5 minutos por partida o recibe mate.

También existe un juego denominado monstruo, que consiste en las mismas reglas del ajedrez salvo que uno de los jugadores se queda con dama de menos y a cambio sus caballos tienen el movimiento de caballo y alfil a la vez.

La especialidad de partidas a la ciega, en la que unos o ambos contrincantes juegan sin tablero, también se practica esporádicamente, dicha especialidad parece ser que es bastante peligrosa para la mente, pues produce un terrible esfuerzo y la federación soviética de ajedrez la tiene prohibida.

También se juega alguna vez las llamadas partidas simultáneas en las que un fuerte jugador, generalmente un maestro, compite con varios jugadores a la vez. Al no existir ningún jugador de tal categoría en el club que estudiamos, es comprensible que se juegue muy poco.

Existen otras variedades como el ajedrez nuclear, con ventaja, el ajedrez moderno, por correspondencia…pero prácticamente no tenemos constancia de su práctica.

Un hecho que resulta interesante destacar es la nula práctica del juego de damas, tan solo he visto algunas partidas jugadas entre gente que no eran socios del club, por otra parte, el nivel de los ajedrecistas jugando a damas es similar a cualquier persona normal que conozca las reglas de este juego.

A continuación vamos a tratar del ajedrez propiamente dicho. En primer lugar hablaremos de las llamadas partidas amistosas, que se caracterizan principalmente por su carácter informal y en la que se relajan las rígidas reglas del ajedrez de campeonato. Los jugadores suelen hablar mientras juegan y generalmente dan ligeras muestras de fanfarronería. Existe un caso curioso de un socio que intenta ser tan humilde que repite mientras juega la frase “non se gaire’ (no se mucho) de modo que esta frase se le ha quedado como apodo. Deberíamos distinguir los jugadores que nunca juegan torneos de quienes lo hacen más o menos frecuentemente. Estos últimos juegan muy pocas partidas amistosas y cuando lo hacen prefieren jugar partidas rápidas. El motivo es el siguiente, si juegan con un jugador de inferior categoría la partida no tiene interés, se dice que se desentrenan, y si lo hacen con jugadores de categoría similar están expuestos a estarse jugando varias horas y normalmente no hay tiempo para tanto. La expresión pieza tocada, pieza jugada, se respeta bastante en esta especialidad, cuando un jugador no lo hace se dice que “ha tocado el piano” y se le insta para que mueva la pieza que ha jugado. En ocasiones se originan disputas por esta causa, pero rara vez sucede con los jugadores que juegan torneos, pues estas partidas se toman con mucha más calma.

Torneos

En la actualidad se realizan los siguientes torneos de carácter social, es decir, que pueden participar en ellos todos los socios de la entidad:
Torneo Inaugural, Torneo Multicolor, Campeonato Social, Campeonato Social de partidas rápidas, Campeonato de partidas comentadas. Todos estos torneos, a excepción de los dos últimos, entran de lleno en la forma de ajedrez propiamente dicha y aceptan las normas de la Federación Catalana de Ajedrez y de la Federación Internacional de Ajedrez. Estos torneos no se celebran todos los años debido al descenso de socios que sufre la entidad, y que en la actualidad parece haberse frenado, y a la competencia con otros torneos organizados por la Federación Catalana de Ajedrez, que al reconocer títulos a los participantes que alcanzan cierta puntuación y otorgan unos pequeños premios polarizan la atención de los socios más inquietos que se resisten a jugar torneos sociales en los que tan sólo arriesgan su prestigio sin obtener nada a cambio. Los campeonatos sociales se juegan los viernes por la noche, hubo un tiempo en que se hacían campeonatos para los socios juveniles los sábados por la tarde, pero en la actualidad han desaparecido. El campeonato Inaugural es el que abre la temporada, se juega por el sistema suizo a 8 rondas, suele empezar a finales de septiembre y acaba a finales de año, inmediatamente después comienza el Multicolor, en trance de desaparecer debido a que ha surgido una prueba oficial que se juega al mismo tiempo, es un torneo por equipos generalmente de cuatro personas. A finales de enero se juega el campeonato social que es la prueba cumbre de la temporada social, se utiliza el sistema de liga por categorías. Hace unos años, cuando el número de socios participantes era mayor, se debía jugar por el sistema suizo. El torneo de partidas rápidas se juega a punto de finalizar la temporada, en mayo o en junio, el sistema es variable, la temporada pasada no se hizo. Finalmente existe el torneo de partidas comentadas que se juega en el verano y que consiste en la exposición por parte de un destacado jugador de la entidad de una partida jugada por grandes maestros, los asistentes tienen que adivinar una serie de jugadas al ganador de la sesión una botella de cava si es socio numerario (mayor de 18 años) y una botella de Cacaolat si es socio juvenil. Al final el jugador que más puntos ha logrado de varias sesiones se le proclama campeón y se le otorga un trofeo, también se hace lo mismo con un jugador modesto que ha obtenido fuerte puntuación.

La federación catalana de ajedrez organiza a lo largo de la temporada los siguientes torneos: campeonato por equipos de Cataluña, Campeonato Individual de Cataluña, Torneo de Barcelona y una serie de pequeños torneos en comarcas. También se juega el trofeo Dicen, organizado por ese diario.

El campeonato por equipos de Cataluña es la prueba cumbre del ajedrez catalán. El Congreso milita desde 1970 en Preferente, la máxima categoría regional. Hasta la fecha nunca ha realizado ningún buen campeonato, y en ocasiones ha tenido problemas para mantener la categoría. En la temporada 1977-78 presentó cuatro equipos en distintas categorías y no hace mucho llegó a tener hasta siete, uno de ellos el “F”, formado exclusivamente por mujeres. Para participar en estos torneos y en todos los que la federación organiza hay que tener una ficha deportiva en la misma el número de fichajes es bastante elevado. Es la prueba que registra la mayor cifra de participación de todas las que se celebran en Cataluña. Se celebra los domingos por la mañana.

El campeonato individual es la segunda prueba de importancia de Cataluña, en ella participan bastantes socios de la entidad aunque en menor número que la anterior. Está dividida en diversas categorías y se pasa de una a otra realizando determinados puntos, al primer clasificado se le reconoce campeón de Cataluña de la categoría en la que participa. Existe, finalmente la máxima categoría, denominada “campeonato de Cataluña, semifinal del campeonato de España”, el triunfador es proclamado campeón absoluto de Cataluña y se le otorga el título de Maestro Regional. Se celebra los domingos por la mañana.

Durante el verano se realizan a lo largo de la geografía veraniega los denominados torneos abiertos (open), se caracterizan porque pueden participar todos aquellos que estén en posesión de ficha nacional (primera categoría o superior). Estos torneos suelen durar 10 rondas, a partida diaria con un día de descanso en mitad del torneo. La participación de socios del Congreso es considerable, de esta forma, suelen dedicar sus vacaciones jugando al ajedrez. Los más famosos son los que se juegan en Berga, Badalona, Manresa y Mallorca.

Actitud del jugador en los torneos

El ajedrez es, básicamente, un juego individual. Sin embargo, los campeonatos denominados “por equipos” han tenido un papel muy importante tanto en el Congreso como en Cataluña y en el resto del mundo. El jugador que participa en un torneo por equipos se encuentra sometido a una doble tensión; la suya propia y la del resto del equipo. La responsabilidad es igualmente doble pues perder una partida significa en muchos casos la derrota del equipo. En ocasiones el ajedrecista se encuentra con una posición poco clara, o con nulas posibilidades de ganar y se ve obligado por imperativos del equipo a forzar la posición consiguiendo en numerosas ocasiones la derrota. Según el testimonio de un destacado socio de la entidad “el jugador de torneos por equipos sólo tiene derecho a ganar”, el sentimiento de grupo se ve reforzado en esta clase de torneos. El campeonato de Cataluña por equipos representa para el Congreso y para los demás clubes de Cataluña el nexo de unión más importante que existe dentro de la comunidad, incluso sucede que muchos jugadores, que se encuentran bastante apartados del juego, y acuden con muy poca frecuencia al club, juegan este torneo para así identificarse más con la comunidad.

El campeonato social representaba hace algunos años el papel que ahora posee el campeonato por equipos pero en la actualidad ya no lo ocupa, a pesar de los esfuerzos que realiza la directiva del club por mantener su prestigio. En los torneos individuales la actitud es sustancialmente distinta a la de los torneos por equipos. En primer lugar, porque sólo tiene que estar preocupado por su partida, el resto de partidas que se jueguen en el local deben serle absolutamente indiferentes. Tanto si gana, pierde, o empata nadie le recriminaba nada. Es posible que haya cometido un error muy importante le llamarán la atención, pero tan sólo desde el punto de vista técnico, nunca moral.

El jugador y la partida

Antes de comenzar la partida, los jugadores se saludan con un apretón de manos, generalmente sincero. A continuación el jugador de blancas inicia su primera jugada y acciona el reloj, previamente puesto en marcha por el árbitro o delegado del torneo. La partida ha comenzado. El ritmo de juego varía según las categorías, pero podríamos dar como media el de 50 jugadas en dos horas y media, es decir que el jugador tiene que efectuar un número de jugadas preestablecidas en un determinado tiempo, de la contrario habrá perdido. Las partidas que se pierden por tiempo no son muy numerosas, ocupan un lugar insignificante, pero las partidas perdidas como consecuencia de los apuros de tiempo son bastante frecuentes: un jugador puede haber hecho 35 jugadas en dos horas y 55 minutos y está obligado a realizar quince movimientos en cinco minutos, en este lapso de tiempo, movido por su nerviosismo y por su falta de tiempo es muy posible que no dé con la jugada más correcta y cometa un error perdiendo la partida.

El juego se halla dividido en tres fases: apertura, medio juego y final. La apertura es la primera fase de la partida en la que ambos jugadores intentan desarrollar las piezas para ocupar o dominar el máximo espacio en el menor tiempo posible. Le sigue el medio juego, fase en la que ambos contrincantes intentan transformar las pequeñas ventajas de tiempo o espacio que hallan sacado en la apertura, bien sea en algo material (ganar un peón, o alguna pieza), o mediante un ataque al rey, la última fase de la partida se denomina final, y en ella se pretende obtener la victoria intentando materializar la ventaja del medio juego.

Durante la partida, el ajedrecista se halla en una situación de ansiedad provocada por determinar el movimiento más correcto a realizar, en el ajedrez por correspondencia el jugador dispone de días, incluso semanas para analizar una sola jugada y puede consultar libros, revistas y la opinión de otros ajedrecistas, aquí, sin embargo, tan sólo dispone de unos pocos minutos por jugada, a veces sucede lo contrario y se pueden calcular brillantes combinaciones de 10 o más jugadas, pero esto sucede muy raramente y suele aparecer en todas las publicaciones especializadas.

Además de esta ansiedad por las jugadas propias, existe también una cierta incertidumbre motivado por la jugada del contrario. Recientemente se efectuó un campeonato entre computadoras de ajedrez, llegaron al final la soviética y la norteamericana, ganando la primera que a decir de los entendidos “pensaba” estaba esperando la respuesta del contrario. Esto, en las partidas de competición sucede muy raramente, pues el jugador que está esperando turno se suele levantar de la silla, pasear por la sala de juego o en caso de quedarse sentado, permanece absorto por pensamientos ajenos al ajedrez.

Toda esta tensión nerviosa se traduce en una hipertensión sanguínea, especialmente en los grandes maestros, muchos de ellos suelen morir de ataques al corazón y derrames cerebrales. Sin embargo en el Congreso, al no poseer ningún gran maestro es difícil que sufran estos percances.

Existen algunos socios que sufren problemas cardiovasculares, pero son todos de avanzada edad, y ninguno de ellos tiene una categoría alta. Muchos jugadores sufren problemas gástricos, antes y después de la partida. Algunos jugadores son incapaces de tomar bocado antes de jugar y durante la partida van en varias ocasiones al lavabo.

Análisis por sexos

De los 144 socios con que contaba el club de Ajedrez Congreso cuando realicé el recuento (diciembre de 1977) seis entran dentro de la categoría femenina. Este hecho, a simple vista, demuestra que hay una tremenda desproporción entre ambos sexos, pero esta diferencia se acentúa más sí tenemos en cuenta que de las nueve participantes en el campeonato individual de Cataluña (provincia de Barcelona) cinco pertenecen al club que estamos estudiando. Tres de las socias poseen ficha nacional (licencia de 1ª categoría) y han quedado campeonas de Cataluña en diferentes ocasiones. En el campeonato de España realizan una buena clasificación y una de ellas representó a España en el equipo femenino de Ajedrez la pasada olimpíada celebrada en Israel. Una de ellas es la persona más anciana del Club, 76 años, lleva jugando al ajedrez desde hace más de 50 años, antes de que se creará la federación catalana de ajedrez, y es viuda de un fuerte ajedrecista. Este dato lo recogí hablando con un anciano socio quien me informó que su marido era el que jugaba bien y que “ella no sabía nada”. Las otras dos socias de ficha nacional tienen 18 y 20 años, son hermanas y juegan en el segundo equipo, y ha decir de algunos “juegan como un hombre”. Las otras tres socias hace muy poco que juegan, entran dentro de la denominación de “principiantes”; dos de ellas son jóvenes estudiantes y la tercera es una señora de mediana edad.

En cierta ocasión me comentaron que en el campeonato de Cataluña femenino las participantes dialogaban entre ellas, situadas a algunos tableros de distancia, sobre su familia, los niños, el marido, el novio, etc. He tenido oportunidad de observarlo personalmente y de todo lo anterior no escuché nada.

Cuando un jugador ha realizado una partida agresiva (con agudas complicaciones tácticas y brillantes combinaciones) se dice que ha jugado muy virilmente. En el ajedrez, desgraciadamente, también está infiltrado el machismo. Si observamos el juego que realizan las féminas encontramos la carencia de este “juego viril”, pero hoy en día esto no quiere decir nada porque ya no juego de esta forma “tan viril” debido a que requiere mucha sangre fría, buena salud física y mental y unos buenos conocimientos teóricos. Cuando comencé este trabajo me daba mucho miedo llegar a este punto, pues concluir que la mujer practica un juego más conservador, más femenino podría resultar muy arriesgado y seguramente falso. Afortunadamente, no he llegado a esta conclusión; revisando varias revistas de ajedrez, especialmente las soviéticas, se observa que cuando hay una mínima base estadística se observa un porcentaje de partidas “viriles” similares al de los hombres.

Análisis de las profesiones

Los estudiantes son la profesión más elevada, he considerado estudiante al que ha nacido a partir de 1960, los anteriores doce son escolares. Las facultades y escuelas superiores de química, biología, arquitectura e ingeniería (en diversas ramas), son las que más polarizan las inquietudes de los jóvenes universitarios. Sobre el comportamiento de estos estudiantes hay que decir que algunos de ellos son auténticos prodigios en sus respectivas especialidades, aunque hay bastantes que tienen problemas en sus estudios. No existe relación entre la capacidad ajedrecista y los estudios. Muchos de estos buenos estudiantes son unos auténticos negados para el ajedrez, bien sea por falta de paciencia, exceso de nervios o por, en su mayor parte, falta de tiempo o interés.

La segunda profesión en importancia es la de administrativo en sus diferentes modalidades (19), luego viene una fuerte proporción de comerciantes (10) y de mecánicos (10). Es interesante observar que el sector de banca está representado por cinco socios de los que dos son directores de banco. Es notorio señalar que sólo existe un peón.

Domina el sector terciario. Una buena proporción de trabajadores son autónomos: comerciantes, fotógrafos, taxistas, etc., hay algunos empresarios con muy poco personal, y una gran mayoría de asalariados.

No he logrado saber la cifra de parados, si es que la hay. Aunque supongo que donde más afectará será en la población juvenil que busca su primer trabajo. Esto lo he deducido porque bastantes toman cursos de banca o informática con la esperanza de poder colocarse.

Dentro de los comerciantes existe una creciente indignación por los repetidos ataques y robos que han sufrido sus establecimientos, cuyo momento cumbre lo alcanzó el asesinato de un joyero cuyo hijo era socio de la entidad.

La situación económica de los socios de la entidad es diversa. Los asalariados, muchos de ellos cualificados, cobran sueldos no muy elevados. Los jubilados, habida cuenta de las míseras pensiones que otorga la seguridad social es evidente que no podrán realizar muchos milagros. Los empleados por cuenta propia tampoco pueden recibir demasiado, habida cuenta que nos encontramos en un periodo de crisis y ellos viven del público. Finalmente, es de suponer que los patronos y los altos ejecutivos poseen unos ingresos mucho más elevados que la media.

Horas de visita

El local está abierto todos los días laborables de 18 a 22 horas. Los viernes, día en que se juegan la mayoría de torneos sociales, hasta las 2 de la madrugada. Los sábados por la tarde suele abrirse a las 4 de la tarde pues frecuentemente se realizan competiciones de categoría juvenil entre diversos clubes de la ciudad. Cuando esto no sucede se abre a las 18 horas y se cierra oficialmente a las 22 horas, pero en la práctica siempre se queda algún grupo jugando a juegos de azar hasta altas horas de la madrugada.

Los domingos el local se abre normalmente de 11 a 14 horas, y a las 9 si hay torneo. Los domingos por la tarde se abre normalmente de 18 a 22 horas, pero frecuentemente hay que jugar partidas aplazadas y debe abrirse entre las 16-17 horas. En todos los casos en que no se respeta el horario oficial, abre el local el delegado o el árbitro del torneo.

Economía

El club se mantiene básicamente de las aportaciones de los socios que son las siguientes:

Socio protector: 250 pts. en adelante
Socio numerario: 125 pts
Socio juvenil: 100 pts (hasta 18 años)
Socio jubilado (a convenir)
Socio hijo de socio no activo: 25 pts.
Socio hijo de socio: 100 pts
Socio femenino: 50 pts
Socio colaborador: 50 pts

Entrada general: 250 pts
Entrada juvenil: 200 pts

El resto de los ingresos se consiguen mediante la venta de lotería. El club reparte talonarios a los socios y estos los distribuyen entre sus amistades y conocidos. La colaboración de los socios es muy importante y según el anterior presidente “sin la lotería no podríamos cubrir gastos”. Además de la lotería y la aportación de los socios existe, desde hace algún tiempo una pequeña aportación anual de la Caja de Ahorros que el pasado año alcanzó las 25.000 pesetas. Ocasionalmente se realiza alguna donación de libros para la biblioteca y algún socio paga algún trofeo.

Los gastos se reparten entre los de mantenimiento del local; alquiler, limpieza, electricidad, calefacción, agua, conserje, gastos federativos: fichas y desplazamientos.

Anteriormente el club pagaba la inscripción de todos los socios que se apuntaban a torneos oficiales de la Federación Catalana de Ajedrez. En la actualidad no lo hace por dificultades económicas por el descenso del número de socios y por la inflación general del país.

Desde junio de 1967 a enero de 1976 se publicó un boletín, pero las dificultades económicas obligaron a suspenderlo. Aunque no todo fueron dificultades económicas, pues a parte de ser muy importantes, contribuyeron otras, como la marcha del director de la revista, estudiante de periodismo y uno de los mejores que poseía el club. Este se marchó por la aparición de un club de ajedrez profesional que destrozó la categoría deportiva del club y buena parte de su cohesión social.

Composición de la población

Por edades:

1: 1901, 1902, 1908, 1909, 1910, 1916, 1919, 1921, 1925, 1934, 1935, 1938, 1943, 1945,1949, 1955, 1962, 1963, 1971
2: 1903, 1913, 1922, 1924, 1928, 1930, 1931, 1933, 1937, 1942, 1947, 1951, 1952, 1959, 1966, 1970.
3: 1927, 1940, 1953, 1961, 1965
4: 1939, 1944, 1946, 1950
5:1955, 1958, 1960
6:1926, 1932
8:1957
17: sin fecha de nacimiento en la ficha

1901:1
1902:1
1903:2
1907: 2
1908:2
1901:1
1909:1
1910:1
1913:2
1916:2
1918:1
1919:1
1921:1
1922:2
1924:2
1925:1
1926:6
1927:3
1928:2
1930:2
1931:2
1932:6
1933:2
1934:1
1935:1
1936:4
1937:2
1938:1
1939:4
1940:3
1942:2
1943:1
1944:4
1945:1
1946:4
1947:2
1949:1
1950:4
1951:2
1952:2
1953:3
1954:1
1955:5
1956:5
1957:8
1958:5
1959:2
1960:5
1961:3
1962:1
1963:1
1965:3
1966:2
1970:2
1977:1
Sin fecha, 17

Profesiones

1: Informática, sastre, patronista, técnico propiedad industrial, intendente mercantil, metalúrgico, aparatos medida, mecánico teléfono, jefe de taller, dependiente librería, economista, funcionario, facultativo de minas, artes gráficas, delegado de ventas, peón, empleado, médico, químico, perito químico, ingeniero químico, ingeniero industrial, soldador, aprendiz de albañil, técnico telefónica, barnizador, decorador, arquitecto técnico.
2: contable, fotógrafo, profesor de E.G. B., impresor, taxista.
3: Industrial
5: Banca (2 directores)
6: jubilado, representante
10: Comercio, mecánico
11: No conocida, falta en la ficha
12: Escolares
19: Administrativo
24: Estudiante


Vocabulario

Como toda ciencia, juego, arte o deporte (de estas cuatro formas, y algunas más, se ha intentado clasificar a este noble juego) el ajedrez posee su propio vocabulario. De esta forma, encontramos que la partida se divide en tres fases: apertura, medio juego y final. Las aperturas, a su vez, clasifican en abiertas, semi abiertas, cerradas, de flanco, etc. Del mismo modo podemos ordenar distintos tipos de posiciones del medio juego y del final. Encontramos a su vez, un tablero que se halla dividido en escaques. Una sucesión de escaques horizontal es una fila, una vertical es una columna, y una inclinada es una diagonal. Encontramos también el nombre de las piezas; rey, dama, torre, alfil, caballo y peón.

Este vocabulario proviene de distintos idiomas: El persa, el francés, el italiano, el alemán, el ruso, el castellano, etc. y con ayuda del sistema algebraico, se puede expresar por medio de signos convencionales siendo inútil cualquier comentario en ningún otro idioma.
Normalmente los jugadores se expresan en su lengua materna, catalán o castellano. Pero es común que se mezclen expresiones en ambos idiomas.