lunes, 11 de mayo de 2026

¿Cámara digital o móvil?

Al jubilarse, Ernesto sintió que el tiempo, por fin, volvía a ser suyo. Durante décadas había soñado con dedicarse a la fotografía de retrato, pero la vida —esa mezcla de prisas, obligaciones y silencios— siempre lo había empujado hacia otros caminos. Ahora, con el reloj a su favor, decidió que era el momento de comprarse un buen equipo. Claro que, para un hombre de su generación, navegar por la revolución digital no era precisamente un paseo.

Pasó noches consultando con la almohada, otras navegando por webs interminables y preguntando a la IA, que le respondía con una mezcla de precisión técnica y frialdad matemática. También visitó tiendas de fotografía donde los dependientes, jóvenes y veloces, parecían hablar un dialecto futurista. Entre sensores, procesadores y algoritmos, Ernesto se sentía a veces invisible, como si la sociedad hubiera decidido que la curiosidad de los mayores ya no importaba.

Por eso agradeció tanto el café con Julián, su amigo de siempre, en el bar del centro deportivo. Allí, entre el aroma a tostadas y el eco de las pelotas de pádel, discutieron como dos viejos sabios. Coincidieron en la magia de las lentes fijas, sobre todo las alemanas, y en la fiabilidad casi zen de las cámaras japonesas. Dudaron entre full frame o APS‑C, entre el clásico 50 mm o el elegante 80. Se quejaron del peso de las cámaras modernas y admitieron, con cierta resignación, que los móviles de alta gama hacían maravillas… al menos para ver en pantalla.

Ambos habían expuesto, concursado, publicado. Y aun así, las nuevas generaciones los ignoraban. Peor aún: en sus propias familias, retratar a nietos, hijos o cuñados se había vuelto misión imposible. Y cuando intentaban fotografiar a desconocidos, muchos los miraban con sospecha, como si una cámara fuese ya un presagio de algo malo.

Aun así, mientras apuraban el café, Ernesto sintió que la pasión seguía intacta. Y eso, pensó, era lo único que realmente importaba.

sábado, 9 de mayo de 2026

Torre Roja

En 2016 llegué a Ciutat Meridiana con muchas ganas de echar raíces. Poco después conocí a Enrique Martín, fundador del primer club de ajedrez del barrio, y a Antonio Fàbregas, entre muchas otras cosas excampeón de Catalunya de Preferente. Con ellos compartí largas conversaciones, cafés y partidas donde no solo se hablaba de aperturas y finales, sino también de cómo devolverle vida al ajedrez en el barrio. Soñábamos con refundar el club, y llenar de tableros y relojes las mesas del Centre Cívic Zona Nord y recuperar ese espacio donde cada movimiento sirve para pensar, aprender y encontrarse.
El Centre Cívic nos abrió las puertas y nos dio facilidades. Parecía que la partida empezaba bien planteada. Pero la vida, como el ajedrez, también obliga a defender posiciones difíciles. La pandemia, los problemas laborales y las enfermedades fueron retrasando aquel proyecto. Y en medio de esa partida dura, Enrique nos dejó para siempre. Antonio, por su parte, tuvo que marcharse del barrio. Fueron pérdidas dolorosas, de esas que dejan el tablero en silencio durante un tiempo.
Pero el ajedrez enseña que nunca hay que abandonar mientras quede una jugada posible.
Hoy Torre Roja reúne a aficionados y amigos del ajedrez de Ciutat Meridiana, Torre Baró, Vallbona y otros barrios cercanos. Nos encontramos en el Centre Cívic Zona Nord los martes por la mañana y los viernes por la tarde. Y allí donde nos llamen, porque creemos en un ajedrez abierto, popular y de barrio.
Jugamos, enseñamos, aprendemos, compartimos tiempo y hacemos comunidad. Cada partida es una excusa para hacer amigos, tender puentes entre generaciones y demostrar que el ajedrez no es solo un juego, sino también cultura, convivencia y esperanza. Disponemos de sala, material de juego y una pequeña biblioteca que seguimos construyendo entre todos, pieza a pieza.
Nos gustaría seguir difundiendo y practicando el ajedrez, mantener vivo el legado de quienes empezaron esta historia y abrir el tablero a cualquiera que quiera acercarse. Porque en barrios como el nuestro, cada ayuda cuenta y cada apoyo puede cambiar la partida.