viernes, 15 de mayo de 2026
Manual de ajedrecista veterano con sentido común
El ajedrez por internet nos ha vendido la idea de que es fácil jugar. Ya no hace falta ir a un club o un café. Ahora el rival está a un clic. Pero, ¿a qué precio?
El programa que empareja jugadores es sádico. Te junta con alguien de tu nivel para que sufras siempre. En el viejo casino de antes, te podías encontrar con el "abuelo bueno" al que le ganabas, o con el "maestro local" que te aplastaba en diez movimientos. Había orden, había historia, había vida. El programa, en cambio, te condena a un aburrimiento de números: ganarás la mitad de tus partidas y perderás la otra mitad. Es una igualdad digital que nos quita el derecho a creernos mejores de lo que somos.
La mente en el ajedrez por internet es la mente dividida. Jugar en una página no es "jugar con alguien", es jugar contra una sombra mientras tu vida real se deshace a tu alrededor.
.Hacer varias cosas a la vez: En el club y en el café está mal visto mirar el móvil mientras juegas. En casa, juegas una apertura mientras vigilas que la leche no se salga, escuchas las noticias del fin del mundo y le das una chuche a tu perrito "furia" o acaricias a tu gato "calcetines". El resultado es un ajedrez "ensaladilla": un poco de técnica, un poco de despiste y mucha dejadez.
· Lugares raros: Se juega en la sala de espera del dentista, en el metro o, seamos sinceros, en el baño. El ajedrez ha pasado de ser el "Juego de los Reyes" a ser el "Pasatiempo del estreñido". ¿Cómo vamos a pensar bien una jugada complicada cuando el sitio nos invita a terminar rápido por razones de cuerpo?
Jugar en una página web nos aísla. En el club, si te comen la dama, puedes ver la alegría en los ojos del rival, oler su triunfo, sentir la tensión. El ajedrez es un deporte de contacto mental. Por internet, el contacto se reduce a un mensaje que dice "buen juego" (si el rival es educado) o a un insulto en letras raras (si no lo es).
Hemos cambiado el apretón de manos al final de la partida por un botón que dice "Otra vez". No buscamos aprender, buscamos vengarnos enseguida de un icono que bien podría ser un programa o un niño de ocho años en pijama en Singapur.
Hablemos de las partidas de un minuto y otras parecidas. Esto no es ajedrez; es un examen de reflejos para pilotos con problemas de nervios.
Para el jugador mayor, cuyas ideas ya no van tan rápidas, estas partidas son una trampa mortal. Intentar pensar una jugada difícil a esa velocidad es como intentar hacer un sudoku mientras te persigue un león: lo más seguro es que termines moviendo el ratón sin ningún sentido.
· El truco del ratón: A este ritmo, gana el que tiene mejor internet. Se pierde por tiempo en posiciones que son fáciles de ganar, lo que da una rabia que solo se calma... jugando otra partida. Y así, hasta las tres de la mañana.
El ajedrez por internet debería ser el aperitivo, nunca el plato fuerte. Juguemos, sí, pero con la calma de quien sabe que la vida pasa fuera de la pantalla.
· La medida justa: Propongo un máximo de tres partidas al día a ritmo lento (15 minutos más 10 segundos , o10 +2). Jugar con el televisor apagado. Con la familia avisada de que "estamos pensando".
· Volver al café, al club, al casino, al centro social: Recuperemos la partida donde se puede hablar de la jugada, donde el error se comparte con una sonrisa y donde, si pierdes, al menos te queda el consuelo de una cerveza o un café con leche.
Si seguimos por este camino de velocidad absurda y soledad digital, acabaremos teniendo un dedo gordo hinchado y sin saber hablar con nadie más de sesenta segundos.
Recuerde, querido lector: el ajedrez se inventó para que dos mentes se encontraran en un campo de batalla de ideas, no para que dos personas ignoren a sus vecinos mientras mueven piezas virtuales en la parada del autobús.
Baje el ritmo. Respire. Mire a su rival a los ojos (aunque sea por videollamada, si no hay otra cosa). Y sobre todo, no juegue a un minuto si ya tiene canas en la barba; su médico del corazón se lo agradecerá.
Resumen del "Manual del Ajedrecista con Sentido Común":
1. El rival no es un programa, aunque juegue como uno.
2. El baño no es un club de ajedrez.
3. Ganar por tiempo en una jugada de mate en un movimiento es legal, pero mal visto.
4. Una partida en un café vale más que mil clics.
5. El silencio es el mejor amigo para pensar; la radio solo sirve para excusar por qué has perdido tu torre.