Durante mi juventud se pusieron de moda las bicis de carreras y, años más tarde, las de montaña y las urbanas. Pero las de paseo tradicionales siempre han mantenido su sitio. Ahora entreno en una bici estática repleta de pantallas que parece un simulador interactivo, pero sigo echando de menos la libertad de pedalear fuera, como en aquellos tiempos en que el tren aún llegaba a la estación de Camporrobles. Toca volver a sacar la bici por el pueblo y esperar que pronto vuelva a pasar el tren por nuestras vías.