Soy el primero en reconocer la importancia de elegir una buena silla para sentarme. También se apreciar las sillas que se muestran en museos, exposiciones y tiendas de anticuario. Pero como historiador de la fotografía y como fotógrafo barro para mí terreno. Por eso me desconcierta que alguien que no sea ebanista, diseñador, o historiador del mueble priorice unas cómodas butacas a unas imágenes que son testimonio gráfico de las personas que se sentaron y que fueron realizadas con esmero, pasión y ternura.