domingo, 25 de enero de 2026

Me encuentro mal

Me siento fatal.
Estoy peor que los inmigrantes en los Estados Unidos, que los palestinos en Gaza, que los judíos en el gueto de Varsovia, que los negros, mulatos y asiáticos en el apartheid sudafricano, que los indígenas en latinoamerica, que el Che en Bolivia, que las mujeres en Afganistán y sitios parecidos, que las víctimas de la inquisición y las víctimas de los puritanos, que Juana de Arco en la hoguera, que las llamadas brujas de Saalem en la horca, que las víctimas del general Franco, Stalin o Pinochet.

martes, 6 de enero de 2026

Guerrillero

Ahora me tomo mas como un guerrillero que como un general

Dialogo

Es bueno dialogar. A veces es necesarionque alguien te escuche para no volverte loco.

domingo, 4 de enero de 2026

Religión

La religión es una droga.  Puede ser dura o blanda según la dosis que tomamos 

Libertad

La libertad es una prisión con aire acondicionado. 

Vida

La vida es una tragicomedia que acaba con la muerte.

Amor

El amor más duradero no pasa de tres años.

Multitud

La multitud nos agobia.

Soledad

La soledad nos asusta.

Placer

La ausencia de placer nos hace torpes.

Daguerrotipos en el cielo

A veces me pregunto si en el cielo todavía practicando la daguerrotipia. 

A lo mejor ya se actualizaron a la fotografía digital.

jueves, 1 de enero de 2026

Verónica y Karl

En Barcelona, entre 2019 y 2025, la ciudad respiraba idiomas y promesas. Verónica, una joven latina llegada con la vocación clara de estudiar enfermería, pasaba tardes enteras en la biblioteca de la Universitat de Barcelona. Allí conoció a Karl, un alemán recién graduado en turismo que había aterrizado en la Ciudad Condal para aprender castellano y catalán, convencido de que las lenguas también se estudian caminando las calles.

Un día compartieron mesa y apuntes; al siguiente, un almuerzo en un bar moderno, de esos que parecen diseñados para turistas curiosos. La chispa saltó sin pedir permiso. En la Barceloneta se dieron su primer baño juntos, el Mediterráneo como testigo de una complicidad que crecía. Pronto fueron inseparables, y bajo las torres inacabadas de la Sagrada Familia se regalaron su primer beso público, torpe y luminoso.

Una herencia inesperada de un tío de Karl les permitió compartir apartamento y rutinas. Hubo sombras: por casualidad, Karl se reencontró con Christa, una antigua novia. Verónica lo supo y el enfado fue grande. Karl pidió perdón, aprendió a escuchar, y el amor encontró de nuevo su sitio. Se reconciliaron con la madurez que dan las decisiones difíciles.

Celebraron una boda civil con muchos invitados, risas en varios idiomas y una ciudad que los acogía. El embarazo de Verónica llegó con antojos y náuseas, pero también con una felicidad tenaz. Luisa nació como fruto de un amor trabajado día a día. Creció en una infancia feliz, mientras el mundo seguía sacudido por guerras atroces y desigualdad, recordándoles que, a veces, amar y cuidar también es una forma de resistencia.

La última partida de 2025



​El frío de la mañana del 31 de diciembre no era rival para la calidez del Bar Amsterdam. A las 10:00 en punto, como si un reloj de torneo dictara sus movimientos, los cuatro amigos se reunieron frente a la mesa de siempre. Óscar, Juan José, Ignasi y José Manuel, pilares del colectivo, no necesitaban grandes celebraciones nocturnas; su despedida del año se jugaba sobre los escaques.
​Entre el aroma a café recién hecho y el murmullo acogedor del local, desplegaron el tablero. Decidieron jugar en consulta: dos mentes contra dos, un diálogo de estrategias susurradas y miradas cómplices.
​La partida fue un reflejo de la vida misma. En el medio juego, las piezas blancas lograron una ventaja decisiva, capturando una pieza limpia que parecía sentenciar el destino del encuentro. Sin embargo, en el ajedrez, como en el último día del año, la confianza puede ser una trampa. Entre sorbo y sorbo de café, la resistencia de las negras se volvió férrea, aprovechando cada imprecisión hasta que, contra todo pronóstico, las blancas inclinaron su rey.
​La derrota de las blancas no empañó el ambiente. Al contrario, fue el detonante de las risas y el análisis compartido. Porque para el colectivo Torre Roja, el resultado era lo de menos. Lo importante era que, un año más, habían cumplido con la tradición de compartir el tiempo, la amistad y la pasión por el juego ciencia.
​Al salir, el sol de invierno brillaba sobre el barrio. Se despidieron con un abrazo, sabiendo que el año terminaba de la mejor manera posible: con una buena partida en la memoria y el sabor de un buen café en los labios.