Cuarenta años después volví a tomar un Frankfurt con queso, cebolla y bacon. El escenario era una cafetería cercana al hospital de Valle Hebrón. El motivo reponer fuerzas tras acompañar a mi anciana madre en una operación. El bocadillo me supo de maravilla, casi mejor que los de la plaza de San Jaime. Mi madre se repuso y desde entonces no he vuelto a probar los bocadillos de salchicha. Ahora que mi madre nos ha dejado me planteó volver a tomar un Frankfurt. No tengo claro a que cafetería ir. Solo sé que me he hecho mayor, que no creo en nada y que he perdido la esperanza